Pedro Flores

Sor­pren­de escu­char en boca de un escri­tor como Pedro Flo­res, des­pués de más de vein­ti­cin­co años dedi­ca­dos a la lite­ra­tu­ra, casi una vein­te­na de libros publi­ca­dos en dife­ren­tes edi­to­ria­les y nume­ro­sos pre­mios lite­ra­rios a sus espal­das, decir que se sigue con­si­de­ran­do un mero apren­diz del ofi­cio de poe­ta.

Cuan­do se le pre­gun­ta por la doble moral exis­ten­te en la socie­dad, que por un lado pre­mia a los poe­tas por su labor enco­mia­ble, pero por otro lado los con­de­na a una per­pe­tua invi­si­bi­li­dad, su voz se vuel­ve inse­gu­ra y titu­bean­te, como si se ape­na­ra por la ten­den­cia actual que redu­ce a los poe­tas a un con­jun­to de seres extra­ños en bus­ca de algo tan inasi­ble como la belle­za. En cam­bio, su voz vuel­ve a ganar segu­ri­dad y fir­me­za cuan­do expre­sa lo que sig­ni­fi­ca para él la esen­cia de la poe­sía, una suer­te de comu­nión con los otros median­te el len­gua­je, una bús­que­da de lo uni­ver­sal a tra­vés de lo par­ti­cu­lar.

Ade­más de un medio de expre­sión de la sen­ti­men­ta­li­dad, opi­na que la poe­sía es ante todo un géne­ro lite­ra­rio que tie­ne el deber de bucear en la natu­ra­le­za huma­na, así como en las injus­ti­cias de la socie­dad sin caer en lo pan­fle­ta­rio.

Qui­zás por eso defien­de lo que ha deno­mi­na­do la «poe­sía fic­ción», el dere­cho del poe­ta a crear per­so­na­jes lite­ra­rios con los que explo­rar el mun­do a tra­vés de sus ojos, algo que la nove­la ha hecho des­de sus orí­ge­nes, y que él ha desa­rro­lla­do en poe­ma­rios como El últi­mo gan­cho de Kid Fra­ca­so (2011), un libro en el que com­pa­ra la socie­dad actual con un cua­dri­lá­te­ro y al boxea­dor con aque­llas per­so­nas que salen todos los días a la calle a resis­tir los gol­pes de la vida.

Afir­ma que La poe­sía debe ser como la bala que mató a Ken­nedy (2010), como seña­la el poe­ma que resu­me su con­cep­ción de la poe­sía y que da títu­lo a uno de sus libros más impor­tan­tes: retor­ci­da pero cer­te­ra, embos­ca­da, «con­ce­bi­da con pacien­cia de fran­co­ti­ra­dor».

Pero, sobre todo, una poe­sía con­ce­bi­da con volun­tad de refle­jar la épi­ca de la vida coti­dia­na, sin renun­ciar a la bús­que­da del mis­te­rio que sub­ya­ce a ella, a la memo­ria lite­ra­ria y a la denun­cia de las injus­ti­cias socia­les.

La poe­sía es la épi­ca de lo coti­diano

Usted ha escri­to, ade­más de poe­sía, libros de rela­tos, cuen­tos para niños, obras de tea­tro y artícu­los. ¿Se ha plan­tea­do algu­na vez escri­bir una nove­la?

No. Yo me con­si­de­ro una per­so­na que tra­ta de escri­bir poe­sía. Pero ocu­rre que el rela­to cor­to es un géne­ro que tam­bién me atrae y que con­si­de­ro bas­tan­te fron­te­ri­zo con la poe­sía. Inclu­so la obra de tea­tro que ten­go publi­ca­da, Los hue­sos del poe­ta, es una obra que gira alre­de­dor de la figu­ra de un poe­ta, Petrar­ca, y está escri­ta casi en cla­ve de poe­sía. Así que me con­si­de­ro bási­ca­men­te un apren­diz de poe­ta.

¿Le cues­ta cam­biar de un géne­ro a otro o lo hace de for­ma inme­dia­ta?

No me cues­ta dema­sia­do por­que esas fron­te­ras entre géne­ros son bas­tan­tes difu­sas. Entre la poe­sía y el rela­to las dife­ren­cias son más for­ma­les que de espí­ri­tu. Como la poe­sía, el rela­to tam­bién te pide un ejer­ci­cio de con­ci­sión. Para alguien que escri­be poe­sía, des­de una cier­ta inten­si­dad, el rela­to te da la posi­bi­li­dad de res­pi­rar entre dos libros de poe­sía y regre­sar a ella des­de una cier­ta reno­va­ción men­tal. Muchos de los rela­tos que he escri­to tam­bién giran alre­de­dor de figu­ras de poe­tas que sue­lo fre­cuen­tar, como Roque Dal­ton. Por otro lado, mi lite­ra­tu­ra se ali­men­ta no sólo de la lec­tu­ra de poe­sía, sino tam­bién de cier­tas cla­ves que se encuen­tran en la narra­ti­va.

Los huesos del poetaTie­ne muchos poe­mas dedi­ca­dos a poe­tas como César Valle­jo, Miguel Her­nán­dez, Ernes­to Car­de­nal…

En mi poe­sía abun­dan este tipo de home­na­jes a otros poe­tas, eso que aho­ra en muchos libros se lla­ma los «para­tex­tos». Muchos de estos poe­tas, tan­to su vida como su obra, son mate­ria de poe­sía. Para escri­bir poe­sía hay que leer mucha poe­sía. Cuan­do lees poe­sía te das cuen­ta de que todo ya está escri­to. Por eso ten­go la volun­tad de escri­bir con memo­ria.

¿Cómo sabe Pedro Flo­res si la idea que le ron­da la cabe­za va a con­ver­tir­se en un poe­ma, un rela­to o un artícu­lo?

Decía Luis Roge­lio Nogue­ras que «la poe­sía está en todas par­tes y aca­ba siem­pre en los pape­les». La poe­sía es una espe­cie de soplo: uno cap­ta pri­me­ro algo bas­tan­te difu­so, que es el espí­ri­tu de un poe­ma. Con el rela­to ocu­rre algo dis­tin­to. A menu­do las fuen­tes del rela­to están en hechos de la vida coti­dia­na o en hechos his­tó­ri­cos. La poe­sía es algo inex­pli­ca­ble que no sólo se encuen­tra en la poe­sía.

¿Con­si­de­ra los otros géne­ros un ejer­ci­cio autó­no­mo o un com­ple­men­to de su poe­sía?

La lite­ra­tu­ra debe tener ese algo inex­pli­ca­ble que es el mis­te­rio. Y ese mis­te­rio se encuen­tra en ella con inde­pen­den­cia de cuál sea su géne­ro.

Un buen poe­ma no debe devol­ver­te a la reali­dad
tal como te encon­tró

Usted siem­pre ha defen­di­do una poe­sía al ser­vi­cio de la mayo­ría. ¿Por qué cree que des­de hace un tiem­po se ha con­ver­ti­do en un géne­ro tan mino­ri­ta­rio?

No es tan­to que haya defen­di­do una poe­sía al ser­vi­cio de la mayo­ría, como una voca­ción comu­ni­ca­ti­va. A pesar de que es el más demo­crá­ti­co de los géne­ros, la poe­sía casi siem­pre ha sido un géne­ro mino­ri­ta­rio. Muchas per­so­nas creen que la poe­sía es un cajón de sas­tre en el que meter emo­cio­nes, que el mero ejer­ci­cio de la sin­ce­ri­dad por sí mis­mo ya es poe­sía, como una espe­cie de desaho­go de los sen­ti­mien­tos, y no pien­san que la poe­sía es tam­bién lite­ra­tu­ra. En oca­sio­nes la sin­ce­ri­dad te pue­de estro­pear un poe­ma. Por eso nos encon­tra­mos con mucha poe­sía que en reali­dad es tera­pia. Debi­do a esa expre­sión de los sen­ti­mien­tos per­so­na­les, las luchas endo­gá­mi­cas den­tro de la poe­sía a menu­do son tan vis­ce­ra­les.

¿Aca­so ya no que­dan lec­to­res de poe­sía, o los que que­dan no sue­len acu­dir a las libre­rías?

Yo creo que sí que­dan lec­to­res de poe­sía. Y ade­más son lec­to­res muy fie­les. Pero ocu­rre que el lec­tor de poe­sía sue­le ser tam­bién poe­ta o un aspi­ran­te a poe­ta. En la actua­li­dad nos encon­tra­mos con una para­do­ja: la poe­sía es el géne­ro más demo­crá­ti­co, en el sen­ti­do de que la gen­te pien­sa que es un géne­ro muy fácil de abor­dar, más que una nove­la, por ejem­plo, pero al mis­mo tiem­po es muy endo­gá­mi­co, redu­ci­do a peque­ños círcu­los de lec­to­res. Al tener esa fal­ta de lec­to­res, los ele­men­tos de enjui­cia­mien­to de la poe­sía sue­len ser inter­nos.

¿La figu­ra del poe­ta se ha ido des­di­bu­jan­do como un intér­pre­te social?

Sí, por supues­to. En la socie­dad actual la figu­ra del poe­ta cau­sa extra­ñe­za. Pero si vamos atrás en el tiem­po, enton­ces la cosa cam­bia. Pen­se­mos por ejem­plo en la figu­ra de Goet­he, que sale de una ciu­dad situa­da para encon­trar­se con Napo­león. O en Que­ve­do, cuyas dia­tri­bas están mar­ca­das por un mun­do de rela­cio­nes con influen­cia direc­ta en la cor­te, en per­so­nas polí­ti­ca­men­te muy influ­yen­tes de la épo­ca.

Si no nos remon­ta­mos tan atrás en el tiem­po, en los años cin­cuen­ta o sesen­ta hay poe­tas con una impor­tan­cia social muy impor­tan­te, como Gabriel Cela­yaBlas de Ote­ro. Poe­tas en los que, ade­más del peso lite­ra­rio, exis­te un peso polí­ti­co, que inclu­so lle­ga en oca­sio­nes a diluir el peso lite­ra­rio. La impor­tan­cia de estos poe­tas qui­zás se haya dilui­do por­que su obra tenía una vigen­cia tem­po­ral que ha per­di­do con el tiem­po. Pien­so que la poe­sía tie­ne que jugar un papel, siem­pre des­de la lite­ra­tu­ra, en la trans­for­ma­ción del mun­do.

¿Qué sig­ni­fi­ca para Pedro Flo­res la poe­sía?

De la poe­sía se pue­de decir aque­llo de que «cuan­do me pre­gun­tan sobre ella no sé defi­nir­la y, cuan­do no me pre­gun­tan, lo sé». Pro­ba­ble­men­te en la inde­fi­ni­ción de la poe­sía está su esen­cia y su gran­de­za. Exis­ten tan­tas defi­ni­cio­nes de la poe­sía como poe­tas. Todas son váli­das y segu­ra­men­te nin­gu­na le haga jus­ti­cia. Yo creo que la poe­sía es una expre­sión lite­ra­ria en la que la sim­ple cua­li­fi­ca­ción téc­ni­ca no bas­ta. Hay algo que sub­ya­ce a la poe­sía, que sabe­mos lo que es cuan­do lo encon­tra­mos, pero que no sabe­mos defi­nir cuan­do nos lo pre­gun­tan.

¿Qué ele­men­tos debe tener un buen poe­ma para emo­cio­nar al lec­tor?

Un buen poe­ma no debe devol­ver­te a la reali­dad tal como te encon­tró. La poe­sía debe con­mo­ver al lec­tor en algún aspec­to, no sólo sen­ti­men­tal­men­te, sino tam­bién inte­lec­tual­men­te. Mi voca­ción es con­mo­ver de algu­na for­ma al lec­tor.

Mi voca­ción es con­mo­ver
de algu­na for­ma al lec­tor

¿Sigue pen­san­do que La poe­sía debe ser como la bala que mató a Ken­nedy, como reza el títu­lo de uno de sus libros?

Ese es un poe­ma que para mí encie­rra una poé­ti­ca, mi con­cep­ción de la poe­sía. La poe­sía tie­ne que ser inex­pli­ca­ble; mági­ca, si aten­de­mos a aque­lla tra­yec­to­ria com­ple­ta­men­te impo­si­ble de la bala que mató a Ken­nedy; san­grien­ta, en muchas oca­sio­nes. Exis­te el pre­jui­cio hacia la poe­sía como algo eté­reo, bello, de una deli­ca­de­za que raya la cur­si­le­ría. Pero ade­más de lite­ra­tu­ra, la poe­sía tam­bién debe ence­rrar una vis­ce­ra­li­dad que en otros géne­ros pue­de estar más dilui­da.

En algu­na oca­sión usted ha defi­ni­do su labor como una suer­te de «poe­sía fic­ción». ¿Podría expli­car en qué con­sis­te esta téc­ni­ca?

Tie­ne que ver con lo que hablá­ba­mos antes. Al ser lite­ra­tu­ra, la poe­sía te per­mi­te el lujo de meter­te en la piel de un per­so­na­je, de fic­cio­na­li­zar con per­so­na­jes, como te per­mi­te hacer­lo la nove­la. Por muy hones­tos o muy sin­ce­ros que pue­dan ser nues­tros sen­ti­mien­tos, qui­zás eso no bas­te para apor­tar nada a la his­to­ria de la lite­ra­tu­ra. Nues­tra pri­me­ra obli­ga­ción debe ser apor­tar algo lite­ra­ria­men­te a los lec­to­res.

el-ultimo-ganchoEn El últi­mo gan­cho de Kid Fra­ca­so uti­li­za­ba el ring de boxeo como una metá­fo­ra de la socie­dad actual. ¿Has­ta qué pun­to cree que sir­ve la poe­sía para des­en­mas­ca­rar y denun­ciar la injus­ti­cia?

La poe­sía siem­pre ha sido un ele­men­to ideal para des­en­mas­ca­rar la injus­ti­cia, por ejem­plo, a tra­vés de la iro­nía y el humor. Pero ha de hacer­lo des­de la lite­ra­tu­ra. Del mis­mo modo que no bas­ta la sim­ple expre­sión de los sen­ti­mien­tos para escri­bir poe­sía, tam­po­co bas­ta la sim­ple expre­sión de la ira o de la denun­cia de la reali­dad, por­que enton­ces la poe­sía se con­vier­te en un pan­fle­to.

A veces se ins­pi­ra en epi­so­dios de la his­to­ria para escri­bir, como suce­de en Los hue­sos del poe­ta. ¿Qué pue­de apor­tar la visión de la lite­ra­tu­ra a la narra­ción de los hechos his­tó­ri­cos?

Mien­tras que la poe­sía es la cró­ni­ca de la coti­dia­ni­dad, la his­to­ria en cam­bio es la gran­di­lo­cuen­cia de las fechas, de las bata­llas, de los gran­des hechos. Los lec­to­res van a obte­ner más infor­ma­ción de la vida coti­dia­na de la Roma de Mar­cial, por ejem­plo, con sus Epi­gra­mas que con cual­quier libro de his­to­ria, por­que la poe­sía es una épi­ca de lo coti­diano que la his­to­ria se va a sal­tar y por­que en gran medi­da la his­to­ria es intere­sa­da y gran­di­lo­cuen­te. En cam­bio la poe­sía pue­de narrar esa his­to­ria de lo coti­diano que no vamos a encon­trar nun­ca en la mera narra­ción de los hechos.

Hace años fun­dó con otros escri­to­res la des­apa­re­ci­da revis­ta lite­ra­ria Pla­zue­la de las Letras. ¿Cuál era el obje­ti­vo de esta revis­ta?

Cuan­do uno es joven se embar­ca en empre­sas más román­ti­cas. Lue­go las cosas tie­nen su ciclo. Pla­zue­la de las Letras fue una revis­ta lite­ra­ria en la que muchos auto­res die­ron a cono­cer sus pri­me­ros tex­tos. Cuan­do uno empie­za se da cuen­ta de que este ofi­cio es muy gre­ga­rio. Lue­go el tiem­po va ponien­do las cosas en su sitio. Las revis­tas lite­ra­rias siem­pre han teni­do un peso en la trans­mi­sión de la poe­sía por­que se ajus­ta muy bien a su for­ma­to peque­ño.

¿Has­ta qué pun­to es impor­tan­te la crea­ción y difu­sión de este tipo de revis­tas en la difu­sión de la poe­sía?

La nove­la no pue­de ni nece­si­ta ser trans­mi­ti­da a tra­vés de una revis­ta lite­ra­ria. Con el desa­rro­llo de las nue­vas tec­no­lo­gías la revis­ta lite­ra­ria ha per­di­do pre­sen­cia en esa difu­sión de la poe­sía. De hecho, algu­nas revis­tas se han con­ver­ti­do en publi­ca­cio­nes míti­cas. De tener un peso canó­ni­co en la difu­sión de la poe­sía, han pasa­do casi a la des­apa­ri­ción.

La poe­sía es un ejer­ci­cio de memo­ria

Ade­más de su influen­cia sobre las revis­tas lite­ra­rias, ¿cómo cree que las nue­vas tec­no­lo­gías están cam­bian­do esa difu­sión de la poe­sía?

El desa­rro­llo tec­no­ló­gi­co, por un lado, ha demo­cra­ti­za­do la poe­sía, nos ha dado la posi­bi­li­dad de acer­car­nos a auto­res que antes no encon­trá­ba­mos por­que sus libros no se con­se­guían es decir, tene­mos la posi­bi­li­dad de cono­cer la poe­sía que se escri­be en el mun­do, pero al mis­mo tiem­po, tam­bién ha con­tri­bui­do a for­jar esa ima­gen de la poe­sía como una espe­cie de cajón de sas­tre que se limi­ta a la mera expre­sión de la sen­ti­men­ta­li­dad.

Duran­te algún tiem­po cola­bo­ró como colum­nis­ta en el tam­bién des­apa­re­ci­do dia­rio La Tri­bu­na. ¿Qué sen­sa­cio­nes guar­da de aque­lla expe­rien­cia?

Cuan­do se escri­be un artícu­lo, igual que cuan­do se escri­be una rese­ña, una entre­vis­ta o un pró­lo­go, tam­bién se está hacien­do lite­ra­tu­ra. Eso tam­bién for­ma par­te de la crea­ción lite­ra­ria y, por tan­to, uno apli­ca los mis­mos prin­ci­pios que cuan­do escri­be poe­sía.

Tam­bién ha escri­to varios libros para el públi­co juve­nil. ¿Es más fácil o más difí­cil acer­car la poe­sía a los jóve­nes?

Escri­bí un libro de poe­mas para niños, que se titu­la Fie­ras sin músi­ca. Es cier­to que es un públi­co muy exi­gen­te y bas­tan­te incle­men­te en cuan­to a lo que se les ofre­ce como lite­ra­tu­ra. Me pare­ce que lo más impor­tan­te es tra­tar a los jóve­nes con inte­li­gen­cia. Uno tie­ne que escri­bir para los jóve­nes con deli­ca­de­za, pero al mis­mo tiem­po valo­ran­do lo que son.

¿Qué es lo que mue­ve a Pedro Flo­res a escri­bir?

Te pue­do con­tes­tar con los ver­sos de Enri­que Lihn, el poe­ta chi­leno, que dice «por­que escri­bí y me mue­ro por mi cuen­ta, / por­que escri­bí por­que escri­bí estoy vivo». Yo creo que por unos moti­vos bas­tan­te inex­pli­ca­bles uno no pue­de vivir sin la escri­tu­ra. La escri­tu­ra de poe­sía, con algu­nos afluen­tes, como hemos vis­to, es mi razón de ser en el mun­do.

En este pun­to tam­bién hay que incluir a la lec­tu­ra. El poe­ta no pue­de per­mi­tir­se caer en la pedan­te­ría de escri­bir como si estu­vie­se des­cu­brien­do el mun­do. La poe­sía es un ejer­ci­cio de memo­ria. Por eso en mi poe­sía hay tan­tas refe­ren­cias a otros poe­tas, a anéc­do­tas, a otras his­to­rias. Y tam­bién es un ejer­ci­cio de no olvi­dar que hay otros que han dicho lo mis­mo que tú inten­tas decir de un modo nue­vo y para otros lec­to­res.

¿El Pedro Flo­res de su últi­mo libro, Don­de prín­ci­pes y bes­tias, se reco­no­ce en el Pedro Flo­res de su pri­mer libro, Sim­ple con­di­cio­nal?

Cuan­do uno mira hacia atrás es inevi­ta­ble sen­tir una espe­cie de extra­ñe­za. Los libros tie­nen su momen­to y su lugar. Uno se reco­no­ce en esos libros por­que ya se apun­tan cier­tas cla­ves, inclu­so posi­cio­na­mien­tos ideo­ló­gi­cos, que lue­go inten­ta per­fec­cio­nar a lo lar­go de su vida y de su obra. Lo con­tra­rio sería preo­cu­pan­te: que el autor pen­sa­ra que ten­dría que rees­cri­bir gran par­te de su obra.

¿Qué ha cam­bia­do en su escri­tu­ra a lo lar­go de todos estos años?

Uno entien­de que des­pués de vein­ti­cin­co años escri­bien­do el cono­ci­mien­to apro­xi­ma­do del mun­do te ha ido cam­bian­do. Hay un poe­ma de Líber Fal­co que expre­sa esto, cuan­do dice «yo mis­mo temo a veces / que nada haya exis­ti­do, / que mi memo­ria mien­ta, / que cada vez y siem­pre / pues­to que yo he cam­bia­do / cam­bie lo que he per­di­do». La escri­tu­ra es evo­lu­ción por­que la vida cam­bia.

¿Y qué per­ma­ne­ce inal­te­ra­ble?

Para empe­zar, per­ma­ne­ce la mis­ma volun­tad de hacer poe­sía, esa ter­que­dad de dedi­car­te a un ofi­cio sin bene­fi­cio. Y ade­más per­ma­ne­ce la esen­cia de que en el mun­do hay algo inasi­ble, que es mis­te­rio y que pode­mos lla­mar poe­sía. Y eso nece­si­ta de un pro­ce­so, que es la lite­ra­tu­ra, para poder ser expre­sa­do. Per­ma­ne­ce la trans­for­ma­ción de lo par­ti­cu­lar en lo uni­ver­sal a tra­vés de la lite­ra­tu­ra, la comu­nión con los demás por medio de la lite­ra­tu­ra.

Foto de Pedro Flo­res: Rubén Bení­tez Flo­ri­do.

EXTRAS

Material sobre el espectáculo «Los hombres que bebieron con Dylan Thomas»

Pre­sen­ta­ción del pro­yec­to que se gra­bó el 15 de noviem­bre de 2013 en el Tea­tro Leal de La Lagu­na (Tene­ri­fe), con Pedro Flo­res, Andrés Moli­naSamuel Labra­dor.

«Nun­ca te escri­bi­ré algo tan her­mo­so».

«Te espe­ra­ba en los lechos de los mares».

Entre­vis­ta de Vic­to­riano Suá­rez Ála­moAndrés Moli­na y a Pedro Flo­res, en «Cana­rias Medio­día», de RNE (14 de noviem­bre de 2013).

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