Pablo Martín Sánchez

A estas altu­ras sabrán uste­des del ger­men de El anar­quis­ta que se lla­ma­ba como yo, nove­la que apa­re­ció publi­ca­da en Acan­ti­la­do a fina­les de 2012. Pablo Mar­tín Sán­chez hay más de uno y éste, el autor, se encon­tró con su toca­yo en inter­net bus­cán­do­se a sí mis­mo median­te el uso de Goo­gle. Una vez supe­ra­da la anéc­do­ta ini­cia­mos una lec­tu­ra que nos con­du­ci­rá por la vida del otro Pablo, cajis­ta de impren­ta en Bara­cal­do, y a los suce­sos que le lle­va­ron a par­ti­ci­par en la inten­to­na de Bera, la noche del 6 al 7 de noviem­bre de 1924, ata­que idea­do por Durru­ti en Fran­cia y en la que un gru­po de anar­quis­tas pre­ten­día unir­se a la supues­ta Revo­lu­ción que se fra­gua­ba en Espa­ña con­tra la dic­ta­du­ra de Miguel Pri­mo de Rive­ra, inva­dien­do la fron­te­ra con el país vecino. Pero ese no será más que el penúl­ti­mo epi­so­dio de una vida reple­ta de vici­si­tu­des en las que inter­vie­ne, a veces como sim­ple espec­ta­dor, el pro­ta­go­nis­ta del libro. Leer, a tra­vés del narra­dor, de su fas­ci­na­ción por el cine que comen­za­ba a dar sus pri­me­ros giros de bobi­na, o de los inte­lec­tua­les espa­ño­les de la épo­ca exi­lia­dos en París nos invi­ta a refle­xio­nar, entre otras cosas, sobre la memo­ria olvi­da­da por el ano­ni­ma­to y las vidas de las que ape­nas que­dan recuerdos.

Ya has expli­ca­do en repe­ti­das oca­sio­nes, inclu­so en el mis­mo libro, cómo sur­gió la idea para aden­trar­te en la his­to­ria de este otro Pablo Mar­tín Sán­chez. Lo que me intere­sa del hallaz­go es que se tra­ta de un pro­yec­to que te lle­gó de repen­te y te pones a tra­ba­jar en él, fue­ra de tu cro­no­gra­ma y des­pla­zan­do otras opcio­nes que, qui­zás, ya esta­bas desarrollando.

La ver­dad es que el año ante­rior había empe­za­do una nove­la dis­tin­ta, pero como esta­ba tra­ba­jan­do de libre­ro no tenía mucho tiem­po para dedi­car­me a ella. Una cosa que no he con­ta­do es que el ele­men­to que me impul­só a escri­bir lo tenía en la cabe­za des­de hacía una año, dán­do­le vuel­tas, pero no lo dejé escri­to en nin­gún sitio. Ya sabes, todos tene­mos nues­tras libre­ti­tas don­de vamos apun­tan­do cosas. Esa idea, bus­can­do aho­ra las notas de la épo­ca, no exis­te, no que­dó regis­tra­da, lo que sig­ni­fi­ca que era tan bue­na que no me hizo fal­ta ano­tar­la. Creo que las bue­nas ideas, para algu­nos libros, son las que no que­dan regis­tra­das, son las que man­tie­nes en la mente.

Y una vez te metis­te en hari­na, ¿le tenías toma­das las medi­das al libro?

Sí. Empe­ce sabien­do que la nove­la sería de, al menos, qui­nien­tas pági­nas, por­que era ese el alien­to que nece­si­ta­ba para con­tar la his­to­ria. Venía de publi­car un libro de rela­tos, FrIC­CIO­NES, y que­ría hacer algo que me per­mi­tie­se tra­ba­jar a un rit­mo dis­tin­to, tan­to de escri­tu­ra como de narración.

Des­de que leí la nove­la de Binet, HHhH… ¿la conoces?

La leí cuan­do ya había aca­ba­do de escri­bir el libro. Me hizo pen­sar que, de haber­la leí­do antes, igual hubie­ra escri­to El anar­quis­ta de mane­ra diferente.

Des­de su lec­tu­ra, cada vez que leo una nove­la con ele­men­tos his­tó­ri­cos pien­so más en cómo se ha rea­li­za­do el tra­ba­jo de docu­men­ta­ción. En tu caso, sobre Pablo Mar­tín Sán­chez no debis­te encon­trar mucha cosa…

Del per­so­na­je his­tó­ri­co no, y ahí es don­de entra tam­bién el tra­ba­jo del nove­lis­ta. Por supues­to, de los hechos impor­tan­tes sí hay mucho mate­rial. Lo que hace Binet, que me pare­ce estu­pen­do, es escri­bir y en la pági­na siguien­te expli­car que lo ante­rior es mentira.

Bueno, de algu­na mane­ra tú jue­gas a eso.

Sí, pero en vez de hacer­lo en cada capí­tu­lo lo hago al final. Y con otro dis­cur­so, él pone todo en duda constantemente.

Y se autocorrige.

Me pare­ce una pos­tu­ra narra­ti­va genial. Yo lo que hago es escri­bir la his­to­ria, con toda la vero­si­mi­li­tud que pue­do apor­tar, aun­que me esté inven­tan­do muchas cosas, y al final hago el apunte.

¿Es cier­to que has toma­do como base La vida: ins­truc­cio­nes de uso, de Perec?

Como base no, pero sí uti­li­zo una serie de reglas que me he impues­to para escri­bir, como hacía Perec. Sobre todo los capí­tu­los más fic­cio­na­les están escri­tos tenién­do­las en cuen­ta. Son reglas esti­lís­ti­cas pero tam­bién de contenido.

Tu anar­quis­ta es un per­so­na­je muy poten­te, sin tener refe­ren­cias reales sal­vo las que te pudie­ra dar su sobri­na Tere­sa, si es que exis­te, algo que ya pon­go en duda…

Y haces bien [se ríe]. Lo del per­so­na­je poten­te resul­ta curio­so por­que mi inten­ción no era esa, qui­zás te refie­res a su medianía…

Más bien me refie­ro a esa pre­sen­cia cons­tan­te y arras­tra­do por las cir­cuns­tan­cias. No es un super­hé­roe, evi­den­te­men­te, pero a pesar de que ni siquie­ra ofre­ces una des­crip­ción físi­ca y de que le tene­mos pre­sen­te de mane­ra borro­sa, ES el personaje.

Lo que me intere­sa­ba era mos­trar cómo todos pode­mos aca­bar hacien­do algo así si las cir­cuns­tan­cias son las ade­cua­das. La fuer­za del per­so­na­je es esa, la de alguien que se ve arras­tra­do por el cur­so de la his­to­ria. Si fue­ra due­ño de sus accio­nes y de sus sen­ti­mien­tos qui­zás sería intere­san­te cono­cer­lo en la vida real, no a tra­vés de una novela.

La ruta que hace Pablo, de Bara­cal­do a Madrid, París, Bar­ce­lo­na, Argen­ti­na… ¿está docu­men­ta­da, fue así?

Esto no te lo res­pon­do [se ríe]. Es plau­si­ble, dejé­mos­lo ahí. Como te decía hay poca infor­ma­ción de su vida, por lo tan­to yo me he podi­do inven­tar muchas cosas.

Pero es cier­to que esco­gis­te deter­mi­na­dos acon­te­ci­mien­tos para que Pablo se vie­ra invo­lu­cra­do de una mane­ra tes­ti­mo­nial. ¿Eran momen­tos de la His­to­ria que que­rías plas­mar, que te intere­sa­ban por algún moti­vo especial?

Tenía una cro­no­lo­gía y que­ría mos­trar algu­nos ele­men­tos his­tó­ri­cos y otros no los con­tem­plé para incluir­los en el libro. Pero tam­po­co me pro­pu­se hacer como la tor­tu­ga de Dar­win, el per­so­na­je tea­tral crea­do por Juan Mayor­ga, que va rec­ti­fi­can­do a un pro­fe­sor de His­to­ria los even­tos que él ense­ña. Mi idea no era narrar una suce­sión de hechos cono­ci­dos. La épo­ca me per­mi­tió plas­mar algu­nos pasa­jes fas­ci­nan­tes, en espe­cial la Pri­me­ra Gue­rra Mun­dial, que me pare­ce fun­da­men­tal para enten­der inclu­so una dic­ta­du­ra como la de Pri­mo de Rive­ra en el con­tex­to euro­peo, o la Sema­na Trá­gi­ca, que fue deci­si­va para el cam­bio que supu­so la Bar­ce­lo­na de los pri­me­ros años vein­te. Estos son acon­te­ci­mien­tos que con­du­cen al des­en­ca­de­nan­te que es la Revo­lu­ción de 1924.

Robin­són, Lean­dro… inclu­so las muje­res que pasan por la vida de Pablo, for­man par­te de ese coro de voces impres­cin­di­bles en una nove­la y que, aun tenien­do un pro­ta­go­nis­ta per­fec­ta­men­te iden­ti­fi­ca­do, adquie­ren mucha importancia.

Para este tipo de nove­la los secun­da­rios son muy nece­sa­rios. No que­ría hacer un ejer­ci­cio de un úni­co per­so­na­je. Robin­són está en la nove­la de Pío Baro­ja La fami­lia de Erro­ta­cho, Lean­dro exis­tió pero le he fic­cio­na­do, al igual que al res­to. La obra de Baro­ja sobre los suce­sos de Vera de Bida­soa es muy com­ple­ta y para mí resul­tó todo un des­cu­bri­mien­to por­que al leer­la tuve cla­ro que con Pablo Mar­tín Sán­chez había una nove­la. Has­ta enton­ces lo que tenía era infor­ma­ción muy des­la­va­za­da con­se­gui­da a tra­vés de inter­net, de los perió­di­cos… Ver que Baro­ja le había dedi­ca­do dos­cien­tas pági­nas a los hechos y que lo hizo mez­clan­do reali­dad y fic­ción, en for­ma de cró­ni­ca lo que resul­ta más sibi­lino, me aca­bó de convencer.

En cier­ta mane­ra refle­jas algu­nas cues­tio­nes muy actua­les. Sin ir más lejos, nada más comen­zar la lec­tu­ra, nos encon­tra­mos con un párra­fo de Vicen­te Blas­co Ibá­ñez extraí­do de Una nación secues­tra­da en el que nos pin­ta Espa­ña como un país que ha deja­do de ser el de Don Qui­jo­te para con­ver­tir­se en el de San­cho Pan­za. Es algo simi­lar a lo que ocu­rre en estos momen­tos, con la nación de nue­vo secues­tra­da y sin áni­mos para armar la de Dios. Hay mani­fes­ta­cio­nes, pro­tes­tas, pero no pode­mos hablar de Revolución.

Me lo ha comen­ta­do mucha gen­te. Algu­nas cosas, des­con­tex­tua­li­za­das, podrían enten­der­se como actua­les. Pre­ci­sa­men­te hoy me han envia­do un artícu­lo de 1978 sobre el caso Sca­la. A lo lar­go del siglo XX han sur­gi­do movi­mien­tos anar­quis­tas a los que han inten­ta­do eli­mi­nar con estra­te­gias muy pare­ci­das, poli­cia­les, de infil­tra­ción… La fun­ción de Joa­quín Gam­brín, el poli­cía infil­tra­do en el caso Sca­la, es la mis­ma que la de Max, el seño­ri­to que inter­vie­ne en la nove­la. Los movi­mien­tos de rebel­día dan mie­do al poder, lo vimos con el del 15M, el de los anti­sis­te­mas…, por­que ponen en cues­tión la exis­ten­cia mis­ma del poder. Tam­bién es cier­to que no esta­mos en una dic­ta­du­ra polí­ti­ca, al menos decla­ra­da. ¿Que por qué no hay aho­ra una Revo­lu­ción? Creo que aún esta­mos dema­sia­do abur­gue­sa­dos. En el momen­to en el que ya no poda­mos ir de vaca­cio­nes ni siquie­ra a un hos­tal a lo mejor sí se produce.

Y será con vio­len­cia, por­que de pala­bra ya vemos que no se con­si­gue nada.

No se habla mucho de esto pero la vio­len­cia del poder es enor­me. La vio­len­cia de los recor­tes no se pue­de com­ba­tir con las mis­mas armas. ¿Con qué se res­pon­de? Esta pre­gun­ta es deli­ca­da. Y peligrosa.

El anarquista que se llamaba como yoEscri­bes: «Exis­ten diver­sos meca­nis­mos para desa­rro­llar la memo­ria pero aún no se cono­cen téc­ni­cas para cul­ti­var el olvi­do». ¿Crees que la lite­ra­tu­ra es una bue­na alia­da de la memo­ria, inclu­so de la Historia?

Pue­de ser­lo. Pero tam­bién la tergiversa.

Al igual que los libros de Historia.

Des­de lue­go. Pero los libros de His­to­ria pro­cu­ran apa­ren­tar lo con­tra­rio. La lite­ra­tu­ra sir­ve para muchas cosas. Pue­de ser­vir­le a la His­to­ria, a la Polí­ti­ca, a cual­quier ideo­lo­gía. Depen­de de cómo se la use. Ahí tene­mos a Hitler, un gran lec­tor. Soy par­ti­da­rio de enten­der la lite­ra­tu­ra como algo inú­til per se. Los que le damos uti­li­dad somos los lectores.

El pasa­je del jui­cio con­tra Pablo y sus com­pa­ñe­ros me ha pare­ci­do muy cer­te­ro. No recuer­do si esta­ba repro­du­ci­do en el libro de Baroja.

No. Uti­li­cé mate­rial saca­do de perió­di­cos de la épo­ca. Y deci­dí resu­mir­lo en un úni­co capí­tu­lo. Hice mucha labor de con­den­sa­ción pero en muchos casos las fra­ses de los jue­ces son lite­ra­les. El jui­cio esta­ba bas­tan­te bien docu­men­ta­do, en el ABC, en el Dia­rio de Nava­rra… Es fas­ci­nan­te. No sólo la his­to­ria y el acto de injus­ti­cia que se come­te, sino tam­bién cómo se escri­bía en los perió­di­cos, algo que he que­ri­do refle­jar. El gace­ti­lle­ro que apa­re­ce en la nove­la es un home­na­je a todos aque­llos perio­dis­tas de la épo­ca, que hacían un tra­ba­jo ímpro­bo y escri­bían con unas venas poé­ti­cas más pro­pias de lite­ra­tos. Inclu­so los más dis­cre­tos cro­nis­tas que iban a cubrir cual­quier even­to se sol­ta­ban con fra­ses de un liris­mo asombroso.

Cui­das mucho el deta­lle, y no me refie­ro úni­ca­men­te a la recrea­ción de la épo­ca, tam­bién a la ruti­na de Pablo, lo que lo hace más creíble.

Los deta­lles son los que le dan la vida, lo que Perec lla­ma­ba «lo infra­or­di­na­rio». Cómo lías un ciga­rri­llo, qué lle­vas en la mochi­la… Pero es peli­gro­so, has de sope­sar­los y mane­jar­los muy bien. No pasar­te y que la nove­la no que­de en mero deta­lle o en exo­tis­mo his­tó­ri­co. Si se usan en su jus­ta medi­da dan la ver­dad del per­so­na­je. Lo que decía Flau­bert: «Le bon Dieu est dans le detail». Dios está en los deta­lles y la ver­dad está en los deta­lles, si exis­te una ver­dad. Recuer­do que un ami­go que leyó el pri­mer borra­dor me pre­gun­tó si real­men­te los hom­bres car­ga­ron con tan­tas cosas en los peta­tes cuan­do cru­za­ron los Piri­neos. Pues aún me que­dé cor­to. Le pasé el archi­vo poli­cial don­de se deta­lla­ba el con­te­ni­do y se que­dó alu­ci­na­do. Me insis­tió en que inclu­ye­ra una rela­ción com­ple­ta pero le expli­qué que, sien­do una nove­la, no es posi­ble dedi­car tres pági­nas a enu­me­rar todo lo que car­ga­ban los vein­te hom­bres a los que detuvieron.

¿Lite­ra­ria­men­te que­rías repro­du­cir cier­to tipo de escri­tu­ra, cer­ca­na a la de la época?

El len­gua­je que uso es el del narra­dor, el actual, pero tie­ne ese toque de épo­ca por­que siem­pre he ten­di­do a uti­li­zar tér­mi­nos que no sue­nen muy de aho­ra. Este libro no lo podría haber escri­to sin el Cor­pus dia­cró­ni­co de la Real Aca­de­mia. Sobre todo cuan­do hablan los per­so­na­jes, por­que no quie­ro poner un anacro­nis­mo en boca de alguien. Hay un pasa­je en el que se dice «No te pon­gas estu­pen­do». En la revi­sión de prue­bas me pre­gun­ta­ron si no era una expre­sión muy moder­na. Les mos­tré que la escri­bió Valle Inclán en Luces de Bohe­mia.

Aho­ra que lo dices, uti­li­zas mucho el «cha­val».

Cuan­do habla el narra­dor. Y sí, tam­bién hay algún frag­men­to repre­sen­tan­do la épo­ca en el que inclu­yo lo de «cha­val», pero ya se uti­li­za­ba en el siglo XIXGal­dósBlas­co Ibá­ñez lo escri­bie­ron. En cual­quier caso, inclu­so tra­tán­do­se del narra­dor he inten­ta­do evi­tar giros que pue­dan des­pis­tar, en espe­cial en la par­te escri­ta en pre­sen­te, la de 1924, en la que éste se sitúa hablan­do des­de el ahora.

Ten­go una curio­si­dad res­pec­to a algo que, supon­go, afec­ta a tu lite­ra­tu­ra, que es lo de tu vin­cu­la­ción con la pata­fí­si­ca. No he leí­do FrIC­CIO­NES, pero por lo que he vis­to creo que ibas por ese camino. Con El anar­quis­ta te sales de la vía, no tie­ne nada que ver. ¿O sí?

Sí, por­que todo tie­ne que ver con la pata­fí­si­ca. Por ejem­plo lo que decías de los deta­lles. La pata­fí­si­ca es la cien­cia de los deta­lles, no de lo gene­ral sino de lo par­ti­cu­lar, por lo que cual­quier afi­ción por el deta­lle es emi­nen­te­men­te pata­fí­si­ca. El mis­mo acto de escri­bir lo es, por­que escri­bir es la excep­ción, lo nor­mal es leer. Y ni siquie­ra eso. El acto de rebel­día que sig­ni­fi­ca leer, escri­bir y publi­car es pata­fí­si­co. Se tra­ta de la cien­cia de las solu­cio­nes ima­gi­na­rias, de ver las cosas des­de otro pun­to de vis­ta. Esta nove­la, al ser de cor­te clá­si­co, no tie­ne ese pun­to trans­gre­sor por­que la pata­fí­si­ca no estu­dia lo que ya está estu­dia­do. Como dices, cada rela­to de FrIC­CIO­NES inten­ta ser un ejer­ci­cio de esti­lo dis­tin­to, dar una prue­ba más de la capa­ci­dad de la lite­ra­tu­ra para rege­ne­rar­se, y en ese sen­ti­do sí sería más pata­fí­si­co. Y más ouli­piano, del OuLI­Po de Perec, Que­neau y com­pa­ñía. El anar­quis­ta es tam­bién un ejer­ci­cio de esti­lo. Alguien me dijo que pen­sa­ba que iba a ser expe­ri­men­tal, pero es que para mí lo es. ¡Es la pri­me­ra que escri­bo, cómo no lo va a ser! En este caso que­ría expe­ri­men­tar cómo era escri­bir una nove­la de qui­nien­tas pági­nas, de cor­te his­tó­ri­co, con una serie de per­so­na­jes, de peri­pe­cias que pudie­sen atra­par al lec­tor, inclu­so en tono folle­ti­nes­co pero uti­li­zan­do estra­te­gias que no son las clá­si­cas, sino más pro­pias de la pata­fí­si­ca, para con­se­guir ese mis­mo efecto.

¿Inclu­so la estra­te­gia del humor?

Eso decía Màrius Serra en la radio comen­tan­do el libro. ¿Cómo lo has vis­to tú?

Ten­go que meter­me mucho en la nove­la para cap­tar­lo, lo uti­li­zas de mane­ra muy dis­cre­ta, pero está, es evi­den­te en el tono de algu­nos pasajes.

Hay una cier­ta iro­nía des­de la pro­pia narra­ción. Si lees el libro con el espí­ri­tu de creér­te­lo todo qui­zás se te esca­pe, pero si estás acos­tum­bra­do a cier­tas estra­te­gias narra­ti­vas y te lo tomas con dis­tan­cia tal vez apre­cies algu­nos guiños.

Depen­de del tono con el que la leas. Es una nove­la que no tie­ne varias capas de lec­tu­ra, sino dife­ren­tes tonos de lec­tu­ra. Pue­des leer­la como un gran dra­ma, como una nove­la de aven­tu­ras, como una come­dia, como nove­la histórica…

Eso es boni­to, me lo apunto.

Hay pasa­jes muy dra­má­ti­cos, pero las come­dias par­ten, en su mayo­ría, de even­tos trágicos.

Pien­so aho­ra en la esce­na del due­lo, que per­mi­te ser leí­da de mane­ra dra­má­ti­ca o en tono de come­dia. O la de Pablo y Ánge­la, des­pués de haber pasa­do la pri­me­ra noche jun­tos y entra en esce­na el padre. Recuer­do habér­se­la leí­do a mi padre murién­do­me de risa. Bec­kett decía que Espe­ran­do a Godot le pare­cía una obra des­ter­ni­llan­te. De Bec­kett pue­des leer des­de la tra­ge­dia más clá­si­ca has­ta lo absur­do más risue­ño. Y no me estoy com­pa­ran­do con Bec­kett, Godot me libre.

Si lle­ga… ¿Cuán­to tiem­po empleas­te en dar­la por acabada?

Tres años y medio. Con algún parón para escri­bir una tesi­na del más­ter y hacer otras cosas, pero tam­bién con rachas de varios meses dedi­ca­dos exclu­si­va­men­te a la nove­la. Tuve esa suer­te por­que obtu­ve un prés­ta­mo que me die­ron para el más­ter y con él con­se­guí tiem­po para tra­ba­jar en el libro.

¿Cómo se te ocu­rrió enviar el manus­cri­to a Acantilado?

Pri­me­ro se la envié a Paco Torres, el edi­tor del ante­rior libro, casi por deber moral, aun­que yo mis­mo pen­sé que esta nove­la nece­si­ta­ba otra pla­ta­for­ma, con todos los res­pe­tos para Paco, al que quie­ro mucho. Lue­go le lle­gó a Jau­me Vall­cor­ba. Y se lo envié por­que soy fan de Acan­ti­la­do. Pero es que ade­más, hace cua­tro años con­tac­té con él como lec­tor y segui­dor de sus publi­ca­cio­nes. Le pro­pu­se una tra­duc­ción de un libro de Antoi­ne Com­pag­non que al final no se lle­vó a cabo. Pasó el tiem­po y al ter­mi­nar la nove­la le envié un email, recor­dán­do­le aque­lla pro­pues­ta y comen­tán­do­le que tenía una obra aca­ba­da que qui­zás le podría inte­re­sar. Se la envié y un mes y dos días des­pués me escri­bió dicién­do­me que que­ría el libro en su catá­lo­go. A par­tir de ahí ya no hubo más que hablar, cla­ro. Enton­ces fue cuan­do pen­sé «¿Por qué se lo he envia­do? Qué irre­fle­xión, hacer­lo por­que me gus­ta la edi­to­rial sin tener en cuen­ta que qui­zás no enca­ja». Me puse a mirar uno a uno los títu­los del catá­lo­go de Acan­ti­la­do y, la ver­dad, no hay libros de este tipo, escri­tos por un joven autor espa­ñol, de cor­te his­tó­ri­co… Como incor­po­ra­ción más recien­te tie­nen a David Mon­tea­gu­do, por supues­to, pero si te paras a pen­sar habla­mos de excep­cio­nes que se han dado muy espo­rá­di­ca­men­te. Pero bueno, creo que para escri­bir y publi­car hay que ser un poco incons­cien­te. Esta es la demostración.

¿Te estás lla­man­do incons­cien­te a ti mis­mo?

Total­men­te [se ríe]. Hay que tener ese pun­to, si no yo no publi­ca­ría nun­ca. Como decía Paul Valéry, «un poe­ma no se aca­ba, se aban­do­na». Pues un libro lo publi­cas. Hace poco Mer­ce­des Abad me con­ta­ba una anéc­do­ta muy gra­cio­sa de Manet. El pin­tor se iba con un ami­go al Museo de Orsay, don­de esta­ban expues­tos sus cua­dros, le decía al ami­go que entre­tu­vie­ra al vigi­lan­te, saca­ba sus pin­tu­ras y los iba reto­can­do. Me pare­ce una ana­lo­gía mag­ní­fi­ca de esa obse­sión del escri­tor por seguir corri­gien­do su pro­pia obra.

Y pare­ce que el edi­ting está desapareciendo.

Se hace más de lo que pare­ce. Y no está mal que los escri­to­res pasen por ese pro­ce­so con el edi­tor. Es nece­sa­rio tener humil­dad, y más cuan­do empie­zas, para saber escu­char a los lec­to­res pro­fe­sio­na­les. Es algo muy boni­to. En Acan­ti­la­do he tra­ba­ja­do la nove­la con Jau­me Vall­cor­ba y con San­dra, la encar­ga­da del depar­ta­men­to de edi­ción, y resul­ta gra­ti­fi­can­te estu­diar todas las pro­pues­tas de correc­ción de esti­lo que me hicie­ron. La mitad no las acep­ta­ba pero muchas me pare­cie­ron que mejo­ra­ban la obra. Cuan­do se lle­van tres años escri­bien­do un libro ya no ves algu­nas cosas. No se tra­ta de corre­gir, sino de pro­po­ner mejo­ras. El libro pasó pre­via­men­te por mi, como les sue­lo lla­mar, «comi­té de lec­tu­ra», ami­gos, algu­nos de ellos escri­to­res, que se lo leye­ron en un verano. Lue­go estu­ve dos meses revi­san­do sus ano­ta­cio­nes. Apren­dí muchí­si­mo de esa lec­tu­ra múl­ti­ple. Así que ¿cómo no iba a tener en cuen­ta las apre­cia­cio­nes de mi editor?

Sabien­do que cada uno de tus libros es expe­ri­men­tal, tus pró­xi­mas entre­gas lite­ra­rias pue­den ir por cual­quier camino imaginable…

Eso me gus­ta­ría. Ir crean­do una obra muy dis­tin­ta en cada uno de sus capí­tu­los, pero con una línea en común. Mi refe­ren­te sigue sien­do Perec, que tie­ne libros muy dife­ren­tes entre sí. Si comien­zas a leer cual­quie­ra de ellos no pue­des iden­ti­fi­car­lo, pero si buceas un poco te das cuen­ta de la cohe­ren­cia en el con­jun­to de sus tex­tos. Des­de una nove­la poli­cia­ca sin la letra e, o un libro de poe­mas hete­ro­gra­má­ti­cos, has­ta una obra de tea­tro sobre un tipo que va a pedir un aumen­to de suel­do. En su con­jun­to fue muy ecléc­ti­co pero exis­te esa cohe­ren­cia. Mi pró­xi­mo tra­ba­jo podría ser una obra de tea­tro, una nove­la cor­ta… Estoy con varias cosas y me ten­dré que deci­dir por algu­na de ellas den­tro de unos meses.

Foto de Pablo Mar­tín Sán­chez: © Pier­lui­gi Greco.

* El anar­quis­ta que se lla­ma­ba como yo. Pablo Mar­tín Sánchez.
Acan­ti­la­do Edi­to­rial (Bar­ce­lo­na, 2012).

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