Malcolm Otero

Al hablar con un edi­tor pocas días antes del lan­za­mien­to de su nue­va edi­to­rial se corre el peli­gro de aca­bar con­ta­gia­do por los ner­vios y la ilu­sión. Ade­más, Mal­colm Ote­ro (Bar­ce­lo­na, 1973) tie­ne a sus espal­das la expe­rien­cia del pro­fe­sio­nal de nues­tro tiem­po. Diná­mi­co, com­pro­me­ti­do con el ofi­cio pero, por enci­ma de todo, con­si­go mis­mo, ha libra­do bata­llas en gru­pos edi­to­ria­les (Pla­ne­ta, RBA) y ha expe­ri­men­ta­do crean­do pro­pues­tas ale­ja­das del cir­cui­to comer­cial (Barril & Barral). Y lle­gó la cri­sis y hubo que rein­ven­tar­se. Jun­to a Ber­nar­do Domín­guez, direc­tor de la edi­to­rial mexi­ca­na Jus, y Julián Viñua­les, crea­dor de Glo­bal Rhythm Press, vuel­ve a las libre­rías con Mal­pa­so, un sello que nos pue­de ser­vir de ejem­plo para enten­der cómo debe pen­sar­se y tra­ba­jar­se el libro en el siglo XXI. Cons­cien­tes de los sopor­tes y pen­san­do en que lo impor­tan­te es la obra lite­ra­ria, las edi­cio­nes impre­sas de Mal­pa­so inclui­rán la des­car­ga digi­tal. A par­tir del 8 de octu­bre podrán encon­trar­se en las libre­rías los dos pri­me­ros títu­los: Siem­pre supe que vol­ve­ría a ver­te, Auro­ra Lee, de Eduar­do Lago, y La car­te­ra del cre­tino, de Kurt Von­ne­gut.

A la cita para la entre­vis­ta acu­de Mal­colm acom­pa­ña­do de Eva Muñoz, res­pon­sa­ble de Pren­sa y Comu­ni­ca­ción, quien me faci­li­ta edi­cio­nes pre­vias de los lan­za­mien­tos, más sen­ci­llas, como ade­lan­to de lo que se avecina.

Eva Muñoz: Los que se pon­drán a la ven­ta son mucho más bonitos.

Mal­colm Ote­ro: Son en tapa dura con sobre­cu­bier­ta en la mitad infe­rior, casi a modo de faja amplia, con la ilus­tra­ción. Es un libro muy pecu­liar. Ade­más hemos tin­ta­do el taco en todos los libros, cada títu­lo de un color.

¿En qué colo­res salen los primeros?

Eva: El de Eduar­do Lago es azul…

¿Por «El lago azul»?

Mal­colm: No, no. Todas las ilus­tra­cio­nes son en blan­co y negro con algún toque de color. El mis­mo tono de la cubier­ta es el que­da en el taco. El de Von­ne­gut tie­ne en la por­ta­da una car­te­ra con un tra­ta­mien­to de color amarillo-anaranjado.

Esto me recuer­da a las biblias, que van tin­ta­das en rojo o en dorado.

Mal­colm: Habi­tual­men­te, los tin­ta­dos eran colo­res muy puros rojo, azul, ama­ri­llo o dora­dos y pla­tea­dos. De hecho, los más fáci­les son los dora­dos de la Biblia, pero eso nos pare­cía exa­ge­ra­do. Que­ría­mos hacer libros que resul­ta­ran pecu­lia­res en su aspecto.

Eva: Que sean obje­tos bellos.

Mal­colm: No pode­mos garan­ti­zar que al lec­tor le gus­te el libro cuan­do lo lea, pero por lo menos que esté bien editado.

Hace unos días con­ver­sé con Jor­ge Carrión, y comen­tó que no le pare­cía correc­to que se habla­ra de apo­ca­lip­sis en el sec­tor edi­to­rial cuan­do, a pesar de que cie­rren muchas empre­sas, se siguen crean­do libre­rías y editoriales.

Es ver­dad que la ato­mi­za­ción del mer­ca­do difi­cul­ta la crea­ción de un teji­do indus­trial y pro­fe­sio­nal alre­de­dor. El pro­ce­so del libro se ha sim­pli­fi­ca­do y un tipo, en su casa, con mucha volun­tad y una peque­ña ayu­da exter­na pue­de sacar un libro bien edi­ta­do. Pero hace fal­ta que naz­can edi­to­ria­les de tama­ño mediano. Noso­tros somos una empre­sa peque­ña con seis o sie­te per­so­nas. Es nece­sa­rio que se gene­re empleo, crear teji­do pro­fe­sio­nal más allá del auto­em­pleo. Bar­ce­lo­na es una ciu­dad pri­vi­le­gia­da, tie­ne la mayor con­cen­tra­ción del sec­tor y eso hay que seguir ali­men­tán­do­lo. Esta indus­tria siem­pre ha sido apo­ca­líp­ti­ca. No recuer­do ni un solo año, des­de que empe­cé a tra­ba­jar en el mun­do edi­to­rial en 1994, que alguien no me haya dicho que es un desas­tre y que esto se va a pique. Hoy esta­mos un poco peor obje­ti­va­men­te. Según las cifras de agos­to, las ven­tas han baja­do un 43% con res­pec­to al año ante­rior. Y ya el año pasa­do fue bas­tan­te malo. En algún momen­to se para­rá esta tor­men­ta per­fec­ta: el cam­bio tec­no­ló­gi­co, la idea de que los libros son caros, aun­que val­gan menos que un gin-tonic, la poca valo­ra­ción de la cul­tu­ra, el des­pres­ti­gio del inte­lec­tual… Toda esta suma hace que sea un momen­to difí­cil para el sec­tor. Pero no se va a aca­bar. Tam­po­co des­apa­re­ce­rá la libre­ría. Mien­tras se man­ten­ga el pre­cio fijo las libre­rías se van a man­te­ner. El pro­ble­ma es que los libre­ros sufren mucho para ganar muy poco. Uno de nues­tros retos como equi­po es inten­tar que la gen­te vaya a las libre­rías. Te con­fie­so que una de las esce­nas que me da más pavor es ver a las fami­lias que pasean por un cen­tro comer­cial. Solo pen­sar­lo me da esca­lo­fríos. Pero si en esa ruta horri­ble que sig­ni­fi­ca ir de tien­das pode­mos incluir la visi­ta a una libre­ría, quién sabe, a lo mejor gana­mos todos un poco.

¿Cómo sur­gió la idea de crear Malpaso?

El due­ño de la edi­to­rial Jus de Méxi­co y Julián Viñua­les se cono­cen y me lla­man para comen­tar­me que esta­ban pen­san­do en un nue­vo pro­yec­to edi­to­rial y cono­cer mi opi­nión. Me sedu­je­ron con la idea de crear algo nue­vo, inno­va­dor, de ver­dad y sin el las­tre del mun­do cor­po­ra­ti­vo. Tar­dé tres mili­se­gun­dos en res­pon­der que sí. La pri­me­ra reunión fue en noviem­bre pasa­do, a par­tir de enero empe­za­mos a tra­ba­jar y en mayo cua­jó todo, se fue­ron incor­po­ran­do los miem­bros del equi­po y no hemos para­do has­ta aho­ra, que esta­mos en ten­sión máxi­ma, a pun­to de salir y ver cómo fun­cio­nan nues­tros pri­me­ros títu­los. La pesa­di­lla de un edi­tor no es una mala crí­ti­ca, no es que te sal­gan los libros mal. La pesa­di­lla de un edi­tor, lo peor que le pue­de pasar a un libro es… nada. Que de repen­te a nadie le impor­te, que nadie se preo­cu­pe. Y es algo que pasa muy a menu­do por­que salen tan­tos libros al mer­ca­do que muchos que­dan en el olvi­do, en la nada abso­lu­ta. Noso­tros que­re­mos que pasen cosas. Nos hemos apro­pia­do de un tér­mino que venía acu­ña­do de Méxi­co: «ani­mar con­ver­sa­cio­nes», dotar de alma. El alma de la edi­ción es que pasen cosas, que el libro ten­ga una peque­ña influen­cia social aun­que sea mínima.

Leyen­do la «Hoja de ruta para un decá­lo­go fun­da­cio­nal» que habéis publi­ca­do en la web, se inter­pre­ta que, efec­ti­va­men­te, lo que que­réis es incen­ti­var el diálogo.

Lo que te decía antes, que pasen cosas, que pro­mue­va el inter­cam­bio de ideas. En el fon­do, bus­ca­mos que la expe­rien­cia lec­to­ra sea muy bue­na pero, apar­te de hacer unos libros que den algo de dine­ro y que siem­pre es poco por­que el mar­gen del libro es mise­ra­ble que­re­mos que pasen cosas. Está muy bien hacer una apor­ta­ción inte­lec­tual al mun­do, pero hay que gene­rar algún efec­to. El equi­po que hemos mon­ta­do, que es muy crea­ti­vo, va a hacer cosas con cada libro para que, por lo menos, éstos pro­vo­quen diá­lo­gos, a veces polé­mi­cos, alre­de­dor de ellos. La labor del escri­tor es soli­ta­ria y poco recon­for­tan­te. Mien­tras escri­be, luchan­do con las pala­bras, está solo. Una vez publi­ca­do hay que con­se­guir lec­to­res, que se com­par­ta el tex­to crea­do en sole­dad y pro­vo­que cosas. Cree­mos en la reac­ción cul­tu­ral en cadena.

Vais a comer­cia­li­zar la ver­sión impre­sa aña­dien­do la des­car­ga del libro en digi­tal. Esto es algo que muchos lec­to­res que com­par­ten sopor­tes sin com­ple­jos esta­ban pidien­do. Al libre­ro no tie­ne que afectarle.

Al con­tra­rio, al libre­ro lo haces par­tí­ci­pe de la ven­ta del eBook. Fue una bue­na idea del equi­po. Esta­mos dan­do acce­so a las obras para faci­li­tar la lec­tu­ra en el sopor­te que quie­ras sin nece­si­dad de hacer dos com­pras y hace­mos corres­pon­sa­ble a la libre­ría. No hay por­qué fal­tar­les el res­pe­to a los lec­to­res en digi­tal, con­fia­mos en ellos. Pue­den com­prar el libro físi­co y rega­lar el digi­tal, o uti­li­zar­lo si tie­nen que via­jar y no les ape­te­ce car­gar la male­ta. Es sim­pli­fi­car la vida, leer cuan­do quie­ras, don­de quie­ras y como quieras.

Malpaso

Te he oído decir en uno de vues­tros pod­cast: «No nos adap­ta­mos a los tiem­pos, nace­mos con los tiempos».

Mucha gen­te nos ha feli­ci­ta­do por nues­tra acti­tud digi­tal, sobre la que no ten­go nin­gu­na influen­cia ni res­pon­sa­bi­li­dad, nin­guno de los méri­tos es mío. En Mal­pa­so no nos tene­mos que adap­tar a nada. Cuan­do empe­cé en el mun­do edi­to­rial no había email, recuer­do que se pasa­ban las ofer­tas por fax, nun­ca sabías si lle­ga­ban, tar­da­ban en res­pon­der… No me olvi­do de lo que repre­sen­ta­ba reci­bir por fax las prue­bas que te remi­tía un autor. Nues­tra jefa de mar­ke­ting ha naci­do pro­fe­sio­nal­men­te con el email, con Sky­pe… Y lo mis­mo pasa con el depar­ta­men­to de edi­ción. No es que coja­mos lo que hacía­mos en papel y lo pasa­mos a digi­tal, es que ya en la pro­pia con­cep­ción de la edi­to­rial se plan­teó cuán­do y dón­de la crea­mos: en Occi­den­te y en el siglo XXI. Pues enton­ces uti­li­ce­mos la tec­no­lo­gía dis­po­ni­ble para hacer nues­tro tra­ba­jo y pro­mo­cio­nar­nos. No hemos teni­do que adap­tar nues­tra estruc­tu­ra a los tiem­pos, ya nace­mos con los tiem­pos, somos nati­vos digitales.

Hay edi­to­res jóve­nes que están crean­do nue­vos sellos y que se resis­ten al sopor­te digital.

Les entien­do. Pare­ce que si no estás en papel no estás. Inclu­so alguien de trein­ta años, por heren­cia inte­lec­tual, pue­de pen­sar así. Pero vivi­mos en una épo­ca en que estar en el mun­do digi­tal es ser. Hay que cri­bar, pero el tiem­po tam­bién irá destilando.

Por lo que he vis­to en el catá­lo­go, y cono­cien­do tu tra­ba­jo ante­rior como edi­tor, diría que lo que se anun­cia para los pró­xi­mos meses tie­ne tu sello.

Tam­bién tie­ne mucho de Julián [Viñua­les], muchí­si­mo.

Cen­trán­do­nos en la narra­ti­va, comen­záis con Eduar­do Lago, a quien ya habías editado.

¿Sabes qué pasa? Que un edi­tor no pue­de evi­tar ser él mis­mo. Yo pro­cu­ro adap­tar­me. No se tra­ta solo del diá­lo­go externo que hablá­ba­mos antes, tam­bién hay uno interno que nos per­mi­te deci­dir qué que­re­mos hacer y hacia dón­de que­re­mos ir. Me pue­do rein­ven­tar muchas veces pero las cosas que me gus­tan, sobre todo en lite­ra­tu­ra espa­ño­la, van por el camino que ya se defi­ne en Mal­pa­so. Cuan­do tuve la suer­te de edi­tar a Eduar­do Lago en 2006 fue muy recon­for­tan­te. Aho­ra la suer­te ha hecho que vol­va­mos a tra­ba­jar jun­tos. Y ha sido duro, por­que Eduar­do es un autor difí­cil, he man­te­ni­do con él un com­ba­te que nos ha lle­va­do a tra­ba­jar has­ta las seis de la maña­na, dis­cu­tien­do cada línea, cada per­so­na­je. Cada paso de Eduar­do se ha basa­do en su con­ven­ci­mien­to de que seguía el buen camino, por­que sabía por dón­de que­ría ir. Hay libros que te recon­ci­lian con la pro­fe­sión y este es uno de ellos. No creo que una edi­to­rial pue­da empe­zar su catá­lo­go con un libro mejor. Lo malo es que comen­za­mos muy arri­ba, como si Mes­si mar­ca­ra sie­te goles. Supe­rar este lis­tón es muy difí­cil. Vol­vien­do a tu comen­ta­rio, ¿si se ve mi mano? Bueno, ya sabes que en el mun­do edi­to­rial hay muchos padres para el éxi­to y nin­guno para el fra­ca­so. Como toda­vía no hemos lle­ga­do a eso, aho­ra lo impor­tan­te es que hemos crea­do un equi­po estu­pen­do jun­to con una edi­to­rial mexi­ca­na, todos enamo­ra­dos del proyecto.

Me ha que­da­do cla­ra la cone­xión con Méxi­co, pero ¿cuál es la de Bue­nos Aires?

Tene­mos a un peque­ño equi­po de gen­te. La inten­ción es abrir una ofi­ci­na en Bue­nos Aires, qui­zás den­tro de un año. O inclu­so mon­tar una peque­ña edi­to­rial. Nues­tra voca­ción es cla­ra­men­te pan­his­pá­ni­ca, así que ya pen­sa­mos en tener pre­sen­cia allí, inclu­so en Esta­dos Uni­dos, crear una mini­red de peque­ñas edi­to­ria­les con una mis­ma direc­ción edi­to­rial defi­ni­da des­de aquí, tra­ba­jan­do conjuntamente.

Fal­ta una reci­pro­ci­dad entre los sellos edi­to­ria­les con pre­sen­cia en dife­ren­tes paí­ses y en don­de cada uno de ellos publi­ca a auto­res dis­tin­tos.

Pablo Ramos, a quien publi­ca­mos en noviem­bre, ha teni­do mucho éxi­to en Argen­ti­na pero su edi­to­rial titu­beó cuan­do pen­sa­ron en lan­zar­lo en Espa­ña. En ese inter­va­lo de tiem­po meti­mos el pie para que no se cerra­ra la puer­ta. Es ver­dad que los gran­des gru­pos tie­nen pro­ble­mas de comu­ni­ca­ción entre las sedes. Cada uno está lia­do con su día a día. Alguien me dijo que el pro­ble­ma de los edi­to­res es que son poco permea­bles. Y es cier­to, el edi­tor está muy ence­rra­do, le moles­ta que le ven­gan a hablar de un autor que ha publi­ca­do en Gua­na­jua­to cuan­do está inten­tan­do nego­ciar con su autor de Valla­do­lid. Hay que refle­xio­nar sobre esto por­que, sal­vo excep­cio­nes, se está escri­bien­do mejor lite­ra­tu­ra en Amé­ri­ca que en Espa­ña. De todos modos, hemos con­tra­ta­do una nove­la de Est­her Gar­cía Llo­vet, que sal­drá en enero-febre­ro, que nos ha pare­ci­do bue­ní­si­ma y que se mue­ve en una tra­di­ción, como la de Lago, muy aje­na a lo de aquí. Me gus­tó la nove­la de Javier Carras­co, no por­que reno­va­ra nada, sino por­que el mun­do que refle­ja me pare­ce intere­san­te y uti­li­za un len­gua­je volun­ta­ria­men­te rural que me resul­tó intere­san­te. Es un autor estu­pen­do que se entron­ca con una tra­di­ción muy nues­tra, algo muy res­pe­ta­ble. Pero me cues­ta encon­trar auto­res jóve­nes que pudie­ran ser una refe­ren­cia en el futu­ro. En la segun­da mitad de los años ochen­ta hubo una efer­ves­cen­cia hacia el rea­lis­mo de la que sobre­vi­ven algu­nos escri­to­res. Aho­ra ron­dan los cin­cuen­ta años. Los que hoy tie­nen vein­ti­cin­co no pare­ce que lo ten­gan muy cla­ro, qui­zás por­que el mun­do es más difí­cil, el sec­tor edi­to­rial es más cabrón, la pro­pia ato­mi­za­ción del mun­do edi­to­rial les impi­de salir, la cul­tu­ra ha cam­bia­do… La reali­dad es que no se ve una gene­ra­ción de jóve­nes que esté mar­can­do cami­nos nue­vos. Cuan­do apa­re­ció Agus­tín Fer­nán­dez Mallo era un joven que venía a sus­ti­tuir a escri­to­res más jóve­nes que él, de hecho tie­ne la mis­ma edad que Ray Lori­ga. No pue­de ser, los jóve­nes no pue­de tener cua­ren­ta años. Al final, Rami­ro Pini­lla va a ser el reno­va­dor de las letras españolas.

¿Cuán­tas líneas edi­to­ria­les va a tener Malpaso?

Tene­mos narra­ti­va en espa­ñol, que repre­sen­ta nues­tra voca­ción inequí­vo­ca­men­te lite­ra­ria; la de narra­ti­va espa­ño­la que tie­ne una volun­tad más popu­lar; una colec­ción que inter­na­men­te lla­ma­mos «de com­ba­te», dedi­ca­da al ensa­yo y en la que publi­ca­mos a Édouard Mar­tin y a Pussy Riot. Y lue­go hay otra opción here­da­da de Julián Viñua­les y su sello Glo­bal Rhythm, enfo­ca­da en músi­ca y cul­tu­ra pop, que comen­za­rá con la auto­bio­gra­fía de Johnny Ramo­ne. Esas son las líneas, no hay más.

¿Cuán­tos títu­los anua­les tenéis pre­vis­to lanzar?

La velo­ci­dad de cru­ce­ro será de unos tres al mes. Eso hará trein­ta libros al año. Sali­mos fuer­tes por­que en sep­tiem­bre no saca­mos nada, así que ten­dre­mos nue­ve libros en dos meses. Para el equi­po que somos, es un rit­mo dema­sia­do alto. Tene­mos mucha capa­ci­dad de pro­mo­ción pero no tan­ta de pro­duc­ción edi­to­rial, por­que el libro que sale sin padre siem­pre mue­re. Si no le dedi­cas cari­ño, esfuer­zo, tiem­po, en defen­der­lo, en pro­mo­cio­nar­lo, ocu­rre la pesa­di­lla que te comen­ta­ba antes, nada.

Y más sabien­do lo que duran los libros en las libre­rías y lo com­pli­ca­da que es la pro­mo­ción. En quin­ce días lo tie­nes que resol­ver todo.

Y en menos. Eduar­do Lago va a estar una semana.

Es impo­si­ble pen­sar en una pro­mo­ción de lar­go recorrido.

El autor ya dice todo lo que hay que saber en el mis­mo libro. La pro­mo­ción es muy can­sa­da por­que las pre­gun­tas son casi siem­pre las mis­mas. Y por­que si escri­bes un ensa­yo sobre la repro­duc­ción del ratón colo­ra­do, tu libro ya se expli­ca solo. Cuan­do se tra­ta de lite­ra­tu­ra, se bus­ca el tema tan­gen­cial, es decir, si va sobre la ven­gan­za, sobre el amor… He vis­to tan­tas veces a un autor hablan­do duran­te sema­nas sobre un asun­to que apa­re­ce en la nove­la pero que no era el que más le preo­cu­pa­ba… Un día de pro­mo­ción es repe­tir lo mis­mo trein­ta veces. Tam­bién es cier­to que en el 65% de las rue­das de pren­sa que he hecho en mi vida, la mayo­ría de los perio­dis­tas no habían podi­do leer el libro. Revi­san el dosier y par­ti­ci­pan con pre­gun­tas casi indu­ci­das por el edi­tor. La cade­na del libro tie­ne que mejo­rar tam­bién en esto. Los edi­to­res tene­mos que hacer mejor los libros, los perio­dis­tas tie­nen que tra­ba­jar mejor la reper­cu­sión. Y no olvi­de­mos el com­ple­jo de mono de feria que repre­sen­ta par­ti­ci­par en algu­nas accio­nes pro­mo­cio­na­les, como la Feria del Libro, en la que los escri­to­res ven pasar delan­te de sus ojos a seis mil per­so­nas dicien­do «ese no es Gala, ¿ver­dad?». El libro nun­ca ha sido un fenó­meno de masas. Javier Cer­cas ven­dió casi un millón de ejem­pla­res, pero si aho­ra le pre­gun­ta­mos al cama­re­ro es posi­ble que no lo conoz­ca, estan­do este local al lado de una libre­ría. Es un fenó­meno mino­ri­ta­rio inclu­so cuan­do triun­fa. Los tres millo­nes de Dan Brown no son nada com­pa­ra­dos con otros pro­duc­tos de masas.

Os movéis mucho por la Red, algo que faci­li­ta no tener que pasar por los fil­tros de la pren­sa para hacer vues­tras comu­ni­ca­cio­nes, ¿Es impor­tan­te para voso­tros alzar esa barre­ra como par­te de la difu­sión de libros?

Res­pe­ta­mos a la pren­sa escri­ta, pero no vamos a abru­mar­la con cada cosa que deci­mos. Inten­ta­mos ofre­cer a cada medio lo que le es útil, lo que no pode­mos hacer es enten­der los medios como un canal de publi­ci­dad. Los medios repre­sen­tan un canal de comu­ni­ca­ción cul­tu­ral que, cuan­do coin­ci­den en su línea edi­to­rial con lo que estás ofre­cien­do, bien­ve­ni­do sea, pero en gene­ral tie­nes que bus­car­te otros cana­les por­que, en casi todos los casos, la pren­sa analó­gi­ca o digi­tal no está a nues­tro servicio.

Eva: Es el signo de los tiem­pos. Los blogs, las webs, las redes socia­les, inde­pen­dien­te­men­te de que la pren­sa escri­ta mute en esa direc­ción, están ahí y han supues­to una inter­re­la­ción con los lec­to­res. Sen­ci­lla­men­te, aten­de­mos y apro­ve­cha­mos eso, es así como fun­cio­na aho­ra. Una par­te de la comu­ni­ca­ción se cana­li­za de ese modo aun­que se siga tra­ba­jan­do con la pren­sa tradicional.

Danos un avan­ce de los dos pri­me­ros títulos.

Empie­zo por Siem­pre supe que vol­ve­ría a ver­te, Auro­ra Lee: Eduar­do Lago leyó en su día El ori­gi­nal de Lau­ra, de Nabo­kov. Se tra­ta de un libro publi­ca­do postuma­men­te y que reúne unas unas fichas des­la­va­za­das, una espe­cie de esque­ma de lo que podría haber sido una nove­la, la últi­ma de Nabo­kov, que ya esta­ba muy mayor. La recep­ción de este libro fue muy ambi­gua cuan­do se publi­có por­que no se enten­dió que se hicie­ran públi­cos los cimien­tos de su tra­ba­jo, su inte­rés era más extra lite­ra­rio que otra cosa. Eduar­do, con ese carác­ter obse­si­vo que tie­ne, lo relee varias veces y empie­za a des­cu­brir las cone­xio­nes reales del libro, dón­de se equi­vo­ca Nabo­kov de nom­bre, qué ficha está equi­vo­ca­da de orden. Tras ese aná­li­sis, cree des­cu­brir la nove­la que tenía en la cabe­za Nabo­kov. Eduar­do podría haber hecho un ensa­yo con eso. O escri­bir la nove­la de Nabo­kov. Pero opta por una ter­ce­ra vía que es escri­bir sobre un escri­tor fan­tas­ma que está tra­ba­jan­do en la vida de un mag­na­te, y a quien ade­más le encar­gan hacer un estu­dio, el que ha desa­rro­lla­do Lago, sobre la nove­la que que­ría escri­bir Nabo­kov. Este plan­tea­mien­to tan dis­pa­ra­ta­do aca­ba con­vir­tién­do­se en una nove­la con un humor des­ter­ni­llan­te, con una car­ga de pro­fun­di­dad lite­ra­ria estu­pen­da y que real­men­te está muy ale­ja­da de la tra­di­ción espa­ño­la. Qui­zás es el arte­fac­to lite­ra­rio más com­ple­jo y diver­ti­do que he leí­do en mucho tiem­po, sien­do asi­mis­mo de lec­tu­ra no en exce­so exi­gen­te. Es decir, no es Pyn­chon. Ha hecho un ejer­ci­cio en el que sus­ti­tu­ye la solem­ni­dad por el humor. Pocas veces he teni­do la segu­ri­dad de estar ante una nove­la con mayúsculas.

De La car­te­ra del cre­tino, de Kurt Von­ne­gut, te diré que cuan­do tra­ta­mos con libros pós­tu­mos se tie­ne la des­con­fian­za de que aque­llo que se encuen­tra en el cajón sean solo cua­tro esbo­zos incom­ple­tos y horri­bles. Leyen­do este libro des­cu­bri­mos seis rela­tos mara­vi­llo­sos, un ensa­yo con mucha iro­nía y que podría ser sin­to­má­ti­co del tono y del mun­do von­ne­gu­tiano. Y ade­más, como des­cu­bri­mien­to, se inclu­ye un cuen­to de cien­cia-fic­ción que pare­ce inaca­ba­do, a no ser que el pro­pio Von­ne­gut hubie­ra pen­sa­do en un final abrup­to. A títu­lo per­so­nal, empe­zar con un clá­si­co de la lite­ra­tu­ra nor­te­ame­ri­ca­na y con un autor como Eduar­do Lago es un lujo y una suer­te. En mi épo­ca, cuan­do hacía­mos un examen, decía­mos: «Que haya suer­te y no jus­ti­cia». Eso es lo que hemos teni­do noso­tros. Nos hemos encon­tra­do con unas obras por enci­ma de la edi­to­rial que somos.

Ade­más de en vues­tra tien­da onli­ne, las edi­cio­nes digi­ta­les ¿esta­rán en todas las plataformas?

En todas. Ama­zon, Kobo, Casa del Libro…

¿Con pre­cios competitivos?

Sí. Cree­mos en el papel pero no en que el pre­cio de ven­ta sea prác­ti­ca­men­te el mis­mo en su edi­ción digi­tal. Los cos­tes son otros y, por lo tan­to, se tie­ne que ajustar.

Eva: Si esta­mos ape­lan­do a la res­pon­sa­bi­li­dad del lec­tor y a crear esa cul­tu­ra de quien lee con­te­ni­dos digi­ta­les y entien­de que no nacen como las setas, hay que ofre­cer pre­cios com­pe­ti­ti­vos. Si no, lo que le pides a los lec­to­res no es razonable.

¿Des­car­táis publi­car obras solo en digital?

No lo des­car­ta­mos, es una posi­bi­li­dad, pero no duran­te el pri­mer año. Por aho­ra juga­re­mos en las dos ban­das, en para­le­lo. Aún hay muchas cosas por defi­nir. No me impor­ta­ría tener una colec­ción pega­da a la actua­li­dad, libros de cró­ni­cas, qui­zás. No esta­mos cerra­dos a nada.

Con el pano­ra­ma que tene­mos y los años que lle­vas en el ofi­cio, ¿man­tie­nes la ilu­sión de los inicios?

La edi­ción hay que dejar­la cuan­do no te impor­ta el libro que publi­cas. El edi­tor desapa­sio­na­do, cíni­co, que le qui­ta impor­tan­cia a sus libros está per­di­do. El mun­do de la edi­ción es de már­ge­nes peque­ños, no es la vida más agra­da­ble, resul­ta un tan­to caní­bal, por­que te nace un hijo y tie­nes que dejar atrás al ante­rior. Solo mere­ce la pena si te hace mucha ilu­sión. La cla­ve del éxi­to con­sis­te en poner­le entu­sias­mo a las cosas que hagas.

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