Jorge Herralde

2009 ha sido el año de la editorial Anagrama. Sus cuarenta años de historia han dado ocasión para celebrar el aniversario de una manera especial, más aún tratándose de un referente de la edición independiente, una de las pocas editoriales de larga trayectoria que permanecen libres de las garras de los grandes grupos dedicados a concentrar sellos.

A lo largo de este año, Jorge Herralde, que sigue al pie del cañón, ha dado más de un centenar de entrevistas en las que se ha dedicado a rememorar estas cuatro décadas. Difícil tarea la de hacerle una batería de preguntas intentando conducir la conversación de manera diferente para no hacerle repetir lo mismo que ya ha explicado hasta la extenuación («Podrías inventarte la entrevista, con todo lo que ya se ha publicado», me dice). Por ello, a pesar de llevar la lección preparada, siempre cargado con algunos apuntes para no derivarla hacia pasajes del pasado y referencias históricas harto conocidas, prefiero que fluyan los temas, repasar con el editor lo que ha representado 2009, sonsacarle cosas sobre el mundo de la edición y, claro, mirar hacia el futuro de Anagrama con las novedades que ampliarán el ya completo catálogo de más de tres mil obras que son el patrimonio de una editorial imprescindible. Y todo en apenas una hora. En estos casos, siempre quedan cosas que preguntar o por decir. Pero lo que hay es lo que queda.

Bueno, Jorge. Última entrevista del año.

Ultimísima. Estoy aburrido de hablar de Anagrama, de mí mismo… [reímos]. No estoy aburrido de hablar de nuestros autores ni de nuestros libros, eso no. Pero he hablado de muchos de estos cuarenta años. Ahora prefiero pensar en los del 2010.

Eso al final. Me gustaría que nos hicieras un balance de lo que ha sido este año tan movido con la celebración del cuarenta aniversario de Anagrama.

Como sabes, Anagrama se distingue por llevar una actividad entre movida y frenética, con innumerables ruedas de prensa, viajes… Este año habremos celebrado alrededor de  cuarenta ruedas de prensa con todos los autores españoles que hemos publicado y muchos de los extranjeros. Pero ese es el frenesí habitual de cada año.

A esto le tenemos que añadir las celebraciones del aniversario, que han sido varias. La primera en el Instituto Cervantes de Nueva York, con una mesa redonda en la que estuvieron Siri Hustvedt, Paul Auster, Francisco Goldman, Daniel Sada y otros. Luego, en Barcelona, el 30 de septiembre, con quinientas grandes figuras y amigos de la edición europea, además de autores de diversos países.

También tuvimos una exposición histórica en la librería Bertrand y, por último, en la Feria de Guadalajara, con Richard Ford (que vino expresamente por 24 horas para estar con nosotros), Juan Villoro, John Lee Anderson, de nuevo Daniel Sada… En el claustro de Sor Juana Inés de la Cruz me ofrecieron la Presea del mismo nombre. Estuve en septiembre en México para varias actividades: participé en los actos del setenta y cinco aniversario del Fondo de Cultura Económica, e intervine en uno de los coloquios sobre la autoría editor-autor con una ponencia titulada «Alegrías y percances de la política de autor», con amplia bibliografía sobre ambas cosas.

¿Había más alegrías?

Sí, básicamente… [se ríe]. Por otra parte, en México se inventaron hace dos años una cosa bastante exótica, la primera cátedra dedicada a una editorial, la Cátedra Anagrama, en la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, y allí estuvimos para hablar de los cuarenta años de Anagrama.

En fin, todo esto en el ámbito festivo. En el de trabajo adicional, porque hemos mantenido el número de novedades habituales de setenta y cinco títulos en edición normal y unos treinta y cinco en bolsillo, hemos agregado una colección que me hace mucha ilusión, que se llama «Otra vuelta de tuerca», en la que rescatamos tesoros ocultos o bien reunimos, por primera vez, obras de un mismo autor en un único volumen. Hemos editado un catálogo especial muy amplio, Deconstructing Anagrama; como promoción de la editorial, una antología del mejor humor inglés en edición no venal; también lanzamos una colección para quiosco con RBA que reúne cien títulos que conforman la Biblioteca Anagrama, de la que ya vamos casi por la mitad, y en otoño ha empezado una colección quincenal con Página 12, que es el periódico más trendie de Argentina, en cuyo suplemento cultural firman Alan Pauls, Rodrigo Fresán, Juan Forn y otros buenos amigos y autores de la casa. La colección se llama «Los 40 de Anagrama», una selección escogida entre el diario y la editorial. Llevamos lanzados cinco títulos con gran éxito, con un promedio de veinte mil ejemplares vendidos de cada obra. Se han seleccionado para la ocasión libros de unas ciento cincuenta páginas, con obras unitarias breves o bien antologías de narrativa, cuentos, ensayo… El primero fue una novela corta de Paul Auster extraída de su Trilogía de Nueva York, luego salió una antología de cuentos de Ian McEwan, el tercero La presa de Kenzaburo Oé, después un volumen de Jean Baudrillard y el último, por ahora, ha sido Crítica y ficción de Ricardo Piglia. Uno de los alicientes es el precio, que es, al cambio, de 1’80 euros.

Es decir que, a la carga de trabajo habitual, este año se le ha sumado todo esto más unas cien entrevistas, por lo que ya he sacado la bandera blanca.

Y encima el Barça gana las seis copas…

Sí, ha sido otra gran alegría, hemos visto gran fútbol, arte y épica en algunos partidos y una muy inteligente dirección de Josep Guardiola.

¿Por qué sacar una nueva colección de fondo («Otra vuelta de tuerca»), cuando Anagrama ya mantiene vivo su catálogo?

Esta colección reunirá fundamentalmente libros de los 70-80 que no pasaron a nuestra colección de bolsillo «Compactos», que está en funcionamiento desde 1989. El ritmo de publicación de bolsillo en los primeros tiempos no fue muy elevado y se incluyeron los éxitos más obvios, con lo que quedó una franja de obras de gran calidad literaria que, para sacarlas en este formato, quedaban demasiado lejos. El bolsillo requiere que sean libros vivos porque, si no, el fracaso está asegurado.

El primer título que hemos incluido en la nueva colección es El rey de las Dos Sicilias, de Andrzej Kusniewicz, que es una de las mejores novelas centroeuropeas del siglo XX. Rescatamos, a su vez, una maravilla oriental, La fortaleza asediada, de Qian Zhongshu; la primera obra de Denis Johnson, Ángeles derrotados, que cuando salió publicada era un perfecto desconocido y se ha convertido en uno de los grandes de la literatura norteamericana. De Fritz Zorn, Bajo el signo de Marte, una pieza estremecedora y magistral. Al mismo tiempo, tenemos lo que podríamos llamar «Ómnibus latente», es decir, títulos de un mismo autor reunidos por primera vez en un volumen. Con esa idea lanzamos las cinco novelas de Patricia Highsmith protagonizadas por Tom Ripley, que estaban todas en bolsillo, pero me pareció interesante para el superfan ofrecérselas en un tomo. También la pentalogía autobiográfica de Thomas Bernhard, que teníamos disponible en edición normal, ha sido reunida en un volumen con prólogo de Miguel Sáenz, su traductor. Ahora editaremos los dos únicos libros de Jane Bowles: Su novela Dos damas muy serias, que teníamos en bolsillo, y un libro de cuentos titulado Placeres sencillos, que estaba agotado desde hace años. También reuniremos las dos sátiras divertidísimas y finísimas de Tom Wolfe sobre la pintura y arquitectura contemporáneas (La palabra pintada y ¿Quién teme al Bauhaus feroz?). Esas son, en resumidas cuentas, las dos vertientes en que se moverá la colección: Recuperación de libros que ya no estaban disponibles y antologías por autores. Y avanzo que a final de 2010 entregaremos los «Ómnibus Jeeves», las obras del personaje creado por P. J. Woodhouse, que publicaremos como regalo navideño del 2010.

Buena noticia para los que disfrutamos con el humor inglés. ¿Habrá algo parecido con Tom Sharpe?

La colección tiene muchas posibilidades. Por ejemplo, podemos reunir en un tomo las dos novelas sudafricanas de Tom Sharpe, o los cinco Wilt, o los Bandini de John Fante. Es una colección pensada para las buenas librerías y los buenos lectores. No persigue grandes best-sellers (están previstas ediciones de entre tres y cinco mil ejemplares), pero sí para darles una segunda vida a libros muy valiosos y que, quizás, luego tendrán una tercera vida (El rey de las Dos Sicilias es posible que pase a bolsillo el año próximo).

A pesar de que Anagrama comenzó su andadura con libros de ensayo, pensamiento crítico, sociología, política…, cuando realmente adquirió una popularidad entre los lectores fue al comenzar «Panorama de narrativas», la «peste amarilla», que diría José Manuel Lara.

Al principio de la década de los 70 teníamos la «Serie Informal» que era básicamente de literatura, con los sonetos de Shakespeare, el primer Tom Wolfe, Sade… Es cierto que se publicaban de manera más espaciada y no tuvieron tanta visibilidad. Hubo, eso sí, un período intermedio. Lo que tuvo un valor de banderín de enganche fue, a partir de 1987, la colección «Contraseñas», en la que incluimos a Charles Bukowski, Tom Wolfe, Hunter S. Thompson

La contracultura.

Exacto. Muchos lectores que estaban ahítos, hartos de política, aunque fuera heterodoxa y radical, pasaron a comprar «Contraseñas» y muchos de ellos pasaron después a «Panorama de Narrativas», que fue, efectivamente, la que dio el giro más significativo.

¿Y cómo abordaste ese giro como editor, cuando la apuesta inicial era el ensayo?

Forma parte de una evolución natural, al menos para mi… En aquel tiempo me pareció más urgente y me excitaban más los textos de confrontación política antifranquista, temas de contracultura… Luego, una vez apagados los fervores de cambios radicales y ruptura total, por los que muchos jóvenes de los 60 se ilusionaban, se impuso el desencanto no sólo en España, sino a nivel europeo, con la resaca del mayo del 68, la de los años de plomo en Italia, la de la izquierda extraparlamentaria en Alemania… Lo he vivido no únicamente por lecturas, sino porque varios amigos míos en una onda similar a Anagrama como Feltrinelli en Italia, Wagenbach en Alemania o Christian Bourgois en Francia, apoyaron todos estos movimientos excitantes y, al final, optamos por la buena literatura.

Aunque, en nuestro caso, en la década de los 80 el ensayo no estuvo muy presente, se siguió otorgando el Premio Anagrama de Ensayo y en los 90 volvimos a publicar entre doce y quince títulos al año en la colección «Argumentos», sin olvidar «Crónicas», que nace a finales de los 80 y en la que publicamos varias obras al año, con el gran Ryszard Kapuściński a la cabeza, y que es una seña de identidad de la editorial.

El periodismo siempre ha tenido mucha presencia en Anagrama, desde aquellos «Cuadernos» en los que incluimos Elementos para una teoría de los medios de comunicación, de Hans Magnus Enzensberger, pasando por todo el nuevo periodismo, el de investigación, también en los 70, en el que destacó Günter Wallraff, los estudios teóricos de Román Gubern, los de Furio Colombo y tantos otros.

En esa evolución habéis arrastrado a un nutrido grupo de fieles lectores, tanto desde los orígenes de la editorial como en las nuevas generaciones que se sienten identificadas con Anagrama y que descubren libros de referencia y nuevos valores de la contracultura como Kiko Amat, por ejemplo. Hay una línea que se mantiene desde estos cuarenta años y siempre te has apoyado en ella buscando autores que ampliaran la perspectiva para ofrecer un catálogo diferente a lo que se ofrece desde otras editoriales. En los 90, por ejemplo, hubo una estupenda cosecha de firmas nacionales de nuevo cuño.

Esta era la idea, que fuera un catálogo diferente pero que obedeciera a una lógica interna. Que, aunque fueran títulos de características distintas, en cierta forma estuvieran muy unificados y no sólo en narrativa. Ensayos, reportajes… Teníamos agrupados algunos sobre cine, como los de Peter Biskind, que aún se están reeditando, el libro sobre Stanley Kubrick de Michael Herr, otro de conversaciones con John Cassavetes, el gran padrino del cine independiente contemporáneo… Considero que hay mucha coherencia en todo el catálogo.

Las biografías están presentes en Anagrama gracias a otra interesante colección.

«Biblioteca de la memoria». Sabía a priori que las grandes biografías de escritores o pintores, al contrario que en el mundo anglosajón, donde tienen muchos lectores, aquí no acaban de hacerse un sitio. Y eso que la colección no pudo empezar mejor que con la biografía de James Joyce. Hemos publicado dos de Vladimir Nabokov,  una de Marcel Proust, pero siempre con resultados  medianos. La colección se ha ido abriendo a libros de conversaciones, a otro tipo de obras que no son biografías definitivas. El último es uno muy interesante de José Antonio Marina y María Teresa Rodríguez de Castro, La conspiración de las lectoras, que ilustra sobre un grupo de mujeres iconoclastas y rebeldes que querían, según escribe María Teresa, «adelantar el reloj de España frente a tantos obstáculos».

Este año nos habéis ofrecido también una suculenta biografía de John Lennon.

De Philip Norman, que se hizo muy famoso a finales de los 70 con la biografía definitiva de The Beatles titulada ¡Gritad!. Como hacemos habitualmente con estas grandes biografías, la compramos con una sinopsis amplia de unas veinte páginas. Me pareció un enfoque muy interesante y con la garantía de su autor. Ahora hemos hecho lo mismo con una sobre Mick Jagger, que se titula Jagger, el satán de los suburbios [se ríe].

¿Y cuando sale?

Puede tardar un año, dos, tres… Norman ha tardado casi tres años. Son libros que necesitan financiación por parte de la editorial que lo publica originalmente y de las que compran los derechos a partir de una sinopsis para traducirlos. Es la manera de que el autor pueda realizar la amplia investigación durante un largo periodo de tiempo. Así, por ejemplo, Ian Gibson pudo ofrecernos La vida desaforada de Salvador Dalí.

Defiendes a autores que, aunque quizás no tienen gran éxito a nivel de ventas, representan una apuesta personal. Uno de los últimos, tal y como comentaste en la presentación de su último libro, es Pablo d’Ors.

Sí, es un vicio [se ríe].

Sano.

Más bien un vicio no impune. Ya sabes lo que dijo Valéry Larbaud: «La lectura, este vicio impune». Es un vicio que se paga pero, a veces, se giran las expectativas o de repente salta y se convierte en best-seller, como el caso de Kapuściński que, hasta el sexto libro, no logró popularidad, o como sucedió con Antonio Tabucchi hasta Sostiene Pereira… En algunos casos, al tercer o cuarto libro, caso de Giorgio Manganelli y otros, me digo, «bueno, ya he cubierto mi misión histórica de defender a ultranza a este gran escritor». Los interesados ya tienen esos cuatro libros y quizás otro editorial decida tomar el relevo, como ha sucedido con Manganelli, habiéndose animado Siruela, una excelente editorial que ya ha editado tres o cuatro obras suyas.

Entre los nacionales, en los últimos años, nos has descubierto a autores que se han convertido en fenómenos incluso para la crítica más exigente, como David Trueba.

Ha publicado solo tres novelas en quince años, pero claro, también hace películas. Es un autor que ha ido creciendo a la par que su número de lectores. Me ha ilusionado que, además de seguidores, tuviera el Premio de la Crítica. A menudo, triunfar en dos campos es visto como una agresión para el resto de los ciudadanos. O eres buen escritor o buen cineasta. Difícilmente se admite que se triunfe en dos registros distintos. Que a Trueba la crítica le premie representa que se le acepta como un excelente escritor. Creo que él está más satisfecho por esto que por el número de lectores.

2009 también ha sido la recuperación del Premio Herralde para autores españoles.

Durante siete años consecutivos ha recaído en autores de América Latina. No ha sido deliberado. Cada año el jurado premia los libros que cree mejores, en función de la calidad y aunque puedan resultar minoritarios. En este sentido ha sido muy positivo para Anagrama que se haya visto claro que lo que se premia es la calidad, porque es sabido que, en general, a los autores latinoamericanos, tanto en España como en otros países, les cuesta mucho adquirir lectores. Hay una casuística muy amplia, podríamos estar horas hablando sobre el tema, pero la realidad es esta.

Que nos hayamos empecinado en premiar excelentes libros, en algunos casos de difícil comercialidad, nos da, creo, un signo de independencia frente al mercado y de apuesta por la calidad. En algunos casos, como El pasado, de Alan Pauls, aquí tuvo unas ventas regulares, pero en Argentina vendió unos veinte mil ejemplares, que es todo un fenómeno teniendo en cuenta el promedio de libros que se venden.

¿Qué tiene Herralde con México? Hablabas al principio de la entrevista de tu última visita, pero desde 1973, año en que haces tu primer viaje al país, parece que hay un afecto especial hacia esas tierras.

Y viceversa. Antes de viajar en el 73 ya era amigo de Sergio Pitol, que vivía en Barcelona, aunque no le publicase. A partir del 77 voy casi cada año, a veces hago un par de viajes anuales. Hace quince que voy a la Feria de Guadalajara y algún verano viajo con un ritual ahora característico: Una semana en el frenesí del D. F. viendo a escritores, periodistas, libreros, a nuestra comercial… Y luego, diez o quince días en la playa, más o menos solitaria, leyendo despaciosamente manuscritos y mirando las nubes.

Sobretodo tengo allí muchísimos amigos y, desde que a partir del 2000 comenzamos a hacer ediciones en México, Argentina, etc., incorporé a muchos autores y en estos momentos hay un nutrido grupo de narradores en nuestro catálogo destacando el llamado grupo del 50: Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, Juan García Ponce… Y otro grupo en plena madurez creadora como Juan Villoro, y más juniors como Álvaro Enrigue, Guadalupe Nettel y otros. También México es, junto a Argentina, el país en el  que Anagrama tiene los fans más desorbitados. Lo han demostrado en muchas ocasiones, han creado la Cátedra que citaba al principio, me han premiado en innumerables ocasiones… Pasearme por las librerías de D. F. es un subidón de editor muy fuerte, porque tenemos una presencia impresionante y muy envidiada desde hace años.

¿Consideras que sería difícil iniciar ahora un proyecto como el de Anagrama tal y como se planteó en el 69, con esa visión de difundir ensayos políticos y con la misma trascendencia que tuvo en ese tiempo?

Cada momento histórico es distinto, pero estoy convencido, si no sería idiota, de que van surgiendo editores en España y en otros países, con posibilidades de hacer lo que ha hecho Anagrama o superarla, también de sucumbir en el intento, como ocurrió con tantas editoriales que surgieron en los sesenta.

Actualmente el mercado anda algo loco.

Por eso es muy difícil hacer predicciones. Tal y como está el mercado, el euro, los grandes grupos, el fantasma o la realidad del libro electrónico, hacer predicciones es imposible. Ahora bien, lo que se debe tener es vocación, saber que hay que trabajar mucho, autoexplotarse y ser coherente con el catálogo y, así, permitir la identificación, que es lo fundamental para los lectores.

Aquello que dices de 90% de transpiración…

… y 10% inspiración, sí, es una frase muy famosa de Edison.

Pero puedes ahogarte…

Claro, es un oficio con cierto riesgo, pero nadie le manda a uno ser editor o escritor, es algo que se elige. Sobretodo en el caso del editor vocacional. Yo no estaba destinado a esto, porque tenía una familia industrial metalúrgica. Hay quien sigue la tradición familiar de la edición. Algunos prosiguen pero, en general, para las segundas generaciones, es muy difícil, ha de ser algo que salga de dentro. Y esto se ve aún más en los libreros. Debe ser algo tanto de aquí como de Italia, por lo que me comentaba en ciertas ocasiones Roberto Calasso al hablar sobre el tema. Los libreros vocacionales deben serlo más que los editores, porque nosotros podemos tener en algún momento un best-seller que nos solvente la situación dos o tres años, o si hay más de uno, consolidar, como en nuestro caso, la editorial, pero el de librero es un trabajo de hormiguita, se deben repartir los beneficios de esos éxitos entre todas las librerías. Y hay que tener una resistencia que las segundas generaciones no soportan salvo en algunos casos excepcionales.

¿Alguna vez has tenido la tentación de tirar la toalla, en estos cuarenta años?

Mira, sólo durante una semana, al finales de los 70 cuando se unió la crisis de nuestra distribuidora con una economía precaria pero tolerable, que al final se agudizó con el desencanto. Pero me dije: «Hay que seguir adelante», comencé la colección «Panorama de narrativas» y, en pocos años, ya hubo mucho lector de Anagrama, dicho sea sin pretensiones, que saltó él mismo, como yo, de etapa. Como me decía Carmen Aizpitarte, directora de Cinc d’Oros, la librería de los rojos por excelencia en Barcelona: «Mis clientes son los que leían a Lenin y a Mao y ahora a Chandler y a Highsmith». Embargados por la euforia a raíz del éxito de la colección, convocamos el Premio Herralde, iniciamos «Narrrativas hispánicas» y así empezó el asentamiento tanto financiero como en el ámbito literario.

La distribuidora sufrió un incendio, ¿no?

Sí, sucedió en 1974, en plena lucha contra Franco, a manos de los presuntos incontrolados de extrema derecha, una morralla de indeseables.

Además de la coherencia del catálogo, con más de tres mil títulos, casi podríamos hacer una criba, a través del catálogo de Anagrama, de los autores contemporáneos más representativos por países…

He intentado tener las antenas puestas en determinadas literaturas, española, latinoamericana, catalana, inglesa, norteamericana, francesa, italiana, alemana, rusa, polaca, anglo-india…

¿Te resulta más difícil encontrar a autores nuevos, por estos mundos?

No, se encuentran a autores nuevos interesantes, en España publicamos a Kiko Amat y a Berta Marsé que son destacables valores. De latinos, Alejandro Zambra, autor de Bonsái, una novela  corta de la que llevamos 9 traducciones, desde USA a Turquía; Guadalupe Nettel, autora mexicana muy interesante de quien hemos publicado dos obras; Juan Pablo Villalobos, un joven mexicano que vive en Barcelona, nos envió una novela corta que me pareció estupenda y será publicada en mayo. Más que costar encontrarlos, los autores jóvenes han de competir por un espacio editorial exiguo porque los autores de la casa son tantos que ocupan mucho espacio. La idea es ir incorporando nuevos autores cada año, lo cual implica que otros a los que hemos ido publicando deban dejar el catálogo. Uno expulsa al otro, por decirlo de alguna manera.

Has cazado este año a una gran promesa británica, Daniel Davies, con su primera novela, La isla de los perros.

Es de una pequeña editorial, Serpent’s Tail, de un buen amigo mío, que publica libros muy en la línea de «Contraseñas», literatura muy iconoclasta, sexualmente muy incorrecta, con presencia de la literatura gay y lesbiana… Vi el libro en su catálogo y me pareció estupendo.

Por cierto, 2009 ha sido un año muy erótico.

Sí, pero no ha sido deliberado. Hemos publicado Zonas húmedas, de Charlotte Roche, un libro que puede ser desagradable de leer (mejor hacerlo en ayunas), pero es interesante, muy a contrapelo, característica de bastantes títulos de Anagrama.

Este final de año también ha representado el regreso al redil de Álvaro Pombo con una novela en la que inicia nueva etapa, La previa muerte del lugarteniente Aloof.

Sí, es bien distinto. Cuesta comercialmente, como era previsible, pero es buenísima, como sólo Pombo la puede escribir. Se ha apartado de las señoras de Santander y del mundo gay con una aventura nueva que se  distancia de cualquier trayectoria.

Siempre has apostado por los cuentos, pero parece un género difícil a nivel comercial. Has dicho en alguna ocasión que el que se publiquen o no libros de cuentos no es cosa de los editores, sino de los lectores.

Como género me gusta mucho, en «Otra vuelta de tuerca» recuperaremos los tres libros de cuentos de Roberto Bolaño. Durante algunas décadas, ahora menos, fuimos la editorial con mayor volúmenes de cuentos, en general con escasa fortuna comercial, con excepción de aquellos que no son propiamente de cuentos, sino de viñetas autobiográficas, como pueden ser los de Pedro Juan Gutiérrez con su protagonista Pedro Juan, o aquellos con un universo tan propio y cerrado como los de Carver, donde el lector no tenga la frustración de entrar y salir constantemente de las historias.

Hablando de Bolaño, ¿queda algo inédito por publicar?

De esto se ocupa su viuda, con quien no tengo relación. Tratamos directamente con su agente. Hay aún textos inéditos, pero los desconozco.

Ahora sí. ¿Qué menú se está preparando para 2010?

Comenzaremos el año con una nueva obra de Catherine Millet, Celos, libro autobiográfico que no tiene nada que ver con el anterior. En este caso nos habla de sus celos con una gran calidad literaria. Millet es una mujer muy inteligente y sobre este libro se ha hablado incluso de Proust, por su capacidad de analizar el fenómeno de los celos de forma más recóndita.

Recuperamos el que nos quedaba de W. G. Sebald, Vértigo; de Julian Barnes su nueva obra Nada que temer, sobre el envejecimiento, su familia… Muy negro y con un sentido del humor bastante tétrico, francamente bueno. Hay un nuevo Tabucchi, un libro de cuentos que se titula El tiempo envejece deprisa, que publicamos después de muchos años sin haber tenido narrativa del autor.

El original de Laura es un texto inacabado de Nabokov; de Raymond Carver, Principiantes, que tuvo en su primera versión un editing muy violento por parte de su editor, Gordon Lish, y su viuda lo quiere restituir como él lo escribió originalmente; De Kazuo Ishiguro, uno de mis ingleses preferidos, publicamos un volumen de cuentos largos que se llama Nocturnos. Y, claro, no faltará la obra anual de Amèlie Nothomb, en esta ocasión bajo el título de Ordeno y mando. Esto sería lo más destacado del primer semestre en cuanto a traducciones..

En «Narrativas hispánicas» ofreceremos El Tercer Reich, el manuscrito encontrado de la primera época de Roberto Bolaño, de 1989, donde nos encontramos a un Bolaño inicial, pero en el que ya se anuncia como un gran escritor; de Berta Marsé su segundo libro de cuentos, Fantasías animadas; J. A. González Sainz, un grandísimo autor pero poco mediático, firma Ojos que no ven. A González Sainz le sucede lo mismo que en su día a Rafael Chirbes, que le costó dar el salto, pero merece ser descubierto.

En marzo, Marta Sanz, con la novela que quedó semifinalista del Premio Herralde, Black, black black; Soledad Puértolas presentará Compañeras de viaje, un libro de cuentos, registro en el que se maneja muy bien, y también lanzaremos las nuevas obras de dos argentinos ganadores de nuestro premio, Alan Pauls, (Historia del pelo) y Martín Kohan (Cuentas pendientes). Luis Magrinyà y Carlos Giralt Torrente, que también ganaron el Premio Herralde cuando se le daba a los españoles [se ríe], estarán presentes entre las novedades con Los herederos y Tiempo de vida, respectivamente.

En el ámbito de ensayo, Rafael Chirbes, Jordi Gracia, Giorgo Agamben… Y unas crónicas de Llàtzer Moix tituladas Arquitectura milagrosa, interesante análisis de las obras que se han ido haciendo en estos últimos años de apoteosis de la arquitectura-espectáculo. Es una visión bastante crítica.

¿Centrada en Barcelona?

En toda España: Zaragoza, Valencia, los ingenios de Calatrava…

No quiero olvidarme del nuevo Kapuściński, Cristo con un fusil al hombro. Y en «Otra vuelta de tuerca», como ya mencioné antes, Tom Wolfe, la recuperación de Copi, a quien empecé a publicar en 1978, y del que hemos confeccionado dos tomos, uno con cuatro textos que saldrá en marzo (El uruguayo; La vida es un tango; La Internacional Argentina y Río de la Plata) y en junio/julio, Los exiliados románticos, de E. H. Carr, el gran historiador de la revolución rusa, en el que escribe sobre Bakunin, Herzen, Ogarev… a finales del siglo XIX. Un libro histórico y literariamente excepcional. En esta nueva edición incluirá un prólogo de Pere Gimferrer que, en realidad, es el rescate de un texto que escribió, maravillado, en la revista Destino en 1969.

Otro libro que sale de nuevo es El día del juicio, de Salvatore Satta, que obtuvo el Premio Comisso. Se trata del libro único y póstumo de un notario de Cerdeña y lo publicaremos acompañado del ensayo de George Steiner sacó en el The New Yorker que fue recogido en el libro antológico que publicó Siruela. Y, cerrando el semestre, Jonathan Coe, autor que, también, hasta el quinto libro tuvo pocos lectores, pero que ha saltado con el último, del que llevamos cinco ediciones. Relanzamos el título con el que entró en nuestro catálogo, que era una sátira salvaje y buenísima de la Inglaterra de la Thatcher (¡Menudo reparto!) , y le he encargado el prólogo a Kiko Amat, que es un gran fan y ha escrito multitud de artículos sobre Coe.

Por último, y a modo anecdótico: Me sorprende que no tengas ordenador en el despacho.

Ya, pero la casa está llena de ordenadores. Yo escribo con bolígrafo o dicto y me lo pasan.

Lo que no quiere decir que renuncies a la tecnología.

No, la aprovecho. El ordenador ha sido utilísimo para mis relaciones con América Latina, que a veces es como lanzar una botella al mar, o para gestionar la compra de derechos con otros países, ya que, en ocasiones, no podemos esperar a que el libro original se publique y la crítica y el público los bendiga. Y, como sabes, también hay un tráfico de manuscritos aceleradísimo en el ciberespacio.

Si este 2009, con el aniversario, ha sido tan movido, ¿qué pasará en el 2019?

Ya lo comentaremos [se ríe].

Fotografía de Jorge Herralde: Maria Teresa Slanzi.

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