Carlos Álvarez

Cuan­do le pre­gun­tan a Car­los Álva­rez por el mayor moti­vo de satis­fac­ción de su tra­yec­to­ria pro­fe­sio­nal, un elo­cuen­te silen­cio acom­pa­ña a su mira­da inquie­ta y pene­tran­te, que se pier­de en algún lugar inde­ter­mi­na­do del estu­dio habi­li­ta­do en su casa, situa­da en pleno cora­zón de una ciu­dad de la que tan­to se ha ocu­pa­do en sus nove­las.

Des­pués de pre­gun­tar­le si qui­zás fue la con­ce­sión del Pre­mio Beni­to Pérez Armas por su nove­la La plu­ma del arcán­gel (1998), o haber sido nomi­na­do a los Pre­mios Goya de la Aca­de­mia de Cine en dos oca­sio­nes, una por la pelí­cu­la Mara­ría (1998) y otra por el docu­men­tal Ciu­da­dano Negrín (2010), con una son­ri­sa que se mue­ve entre lo enig­má­ti­co y lo pers­pi­caz, pero sin dema­sia­dos titu­beos, con­tes­ta que no, aun­que se supon­ga que deba res­pon­der afir­ma­ti­va­men­te a esa pre­gun­ta.

Enton­ces vuel­ve a fijar su mira­da en aquel pun­to inde­ter­mi­na­do en la pared de su casa y me con­fie­sa con su sere­ni­dad incó­lu­me, sus moda­les len­tos y sua­ves y su voz pro­fun­da y caver­no­sa, que en reali­dad su mayor moti­vo de satis­fac­ción es que un lec­tor anó­ni­mo le reco­noz­ca de repen­te por la calle, como ya le ha ocu­rri­do algu­na vez, y le pre­gun­te dón­de pue­de encon­trar otra nove­la suya por­que aca­ba de leer­se una de ellas y le ha gus­ta­do mucho.

Al final, refle­xio­na, «que te deten­ga por la calle alguien al que solo le intere­sa la lite­ra­tu­ra», antes que los pre­mios lite­ra­rios o las men­cio­nes. Ese sí que es el mayor moti­vo de satis­fac­ción para Car­los Álva­rez: «la pasión de un lec­tor anó­ni­mo que dis­fru­ta con los libros». Y para zan­jar la cues­tión, aña­de, «vol­ver a ese goce de leer por leer».

En una nove­la tie­nes liber­tad
para cons­truir el mun­do

la-pluma-del-arcangelEn La plu­ma del arcán­gel rela­ta la lle­ga­da del inqui­si­dor Fer­nán Ximé­nez a Cana­rias en el siglo XVI, y las luchas de poder que se esta­ble­cen entre este y el gober­na­dor Die­go de Herre­ra. ¿Qué le atra­jo de esta eta­pa his­tó­ri­ca?

Este libro nació como un reto duran­te una con­ver­sa­ción con un ami­go his­to­ria­dor que había leí­do mi libro de rela­tos Negra hora menos, y me sugi­rió la idea de escri­bir una nove­la negra ambien­ta­da en la épo­ca fun­da­cio­nal de Las Pal­mas (de Gran Cana­ria), con un per­so­na­je tan sinies­tro como fue este inqui­si­dor real. Él esta­ba hacien­do la tesis doc­to­ral sobre Mar­tín Ximé­nez, y me con­tó que fue el inqui­si­dor que reali­zó más autos de fe. Yo le cam­bio el nom­bre, le lla­mo Fer­nán Ximé­nez, para que nin­gún his­to­ria­dor me diga que los hechos que rela­to en ella no se ajus­tan fiel­men­te a la reali­dad. Me gus­tó la idea de tra­ba­jar esa épo­ca y, cuan­do empe­cé a docu­men­tar­me, enton­ces nació la tra­ma y todo lo demás.

Con La seño­ra Bea­triz de Boba­di­lla (2012) cen­tra la tra­ma en su figu­ra his­tó­ri­ca y sus rela­cio­nes con otras per­so­na­li­da­des como los Reyes Cató­li­cos o Cris­tó­bal Colón, entre otros. ¿Has­ta qué pun­to diría que sus nove­las bucean en la reali­dad de los hechos his­tó­ri­cos que rela­ta?

Creo recor­dar que fue Augus­to Mon­te­rro­so el que acon­se­ja­ba que antes de sen­tar­te a escri­bir un rela­to his­tó­ri­co, pri­me­ro había que estu­diar­lo todo y lue­go olvi­dar­lo. Yo hice eso: estu­dié todo lo que se podía lle­gar a saber de ese per­so­na­je a tra­vés de la his­to­ria ofi­cial, aun­que lo cier­to es que había bas­tan­te poco. Y una vez que me empa­pé de toda la docu­men­ta­ción refe­ri­da a Bea­triz de Boba­di­lla y a todos los per­so­na­jes con los que se rela­cio­na, enton­ces empe­zó el pro­ce­so lite­ra­rio pro­pia­men­te dicho. Pero pri­me­ro hay una inten­sa fase de estu­dio de la his­to­ria.

A juz­gar por las nove­las cita­das ante­rior­men­te, pare­ce que se ha espe­cia­li­za­do en rela­tar el pro­ce­so de colo­ni­za­ción de Cana­rias. ¿Con­si­de­ra que este perío­do de la his­to­ria ha sido sufi­cien­te­men­te desa­rro­lla­do, o exis­te un vacío que es nece­sa­rio lle­nar?

Creo que toda­vía exis­te un vacío. A nivel his­tó­ri­co, en la actua­li­dad hay estu­dios muy bien desa­rro­lla­dos, algo que no ocu­rría hace vein­te o trein­ta años. Y no sólo hay más estu­dios que antes, sino que tam­bién se divul­gan más. Pero sigue exis­tien­do un espa­cio narra­ti­vo inmen­so que no se ha explo­ra­do. Qui­zás se haya toca­do el perío­do ante­rior a la con­quis­ta, el perío­do pre­his­pá­ni­co, de una mane­ra inge­nua, deci­mo­nó­ni­ca, en el sen­ti­do del «buen sal­va­je», pero se ha tra­ba­ja­do lite­ra­ria­men­te muy poco tan­to la con­quis­ta como la colo­ni­za­ción, des­de el pun­to de vis­ta del con­tac­to entre ambos pue­blos, de enfren­ta­mien­to entre cul­tu­ras, de des­cu­bri­mien­to de cul­tu­ras dife­ren­tes.

Este es el perío­do ger­mi­nal de la socie­dad cana­ria actual, que no es la socie­dad pre­his­pá­ni­ca ni la de los con­quis­ta­do­res, sino la mez­cla entre ambas: una socie­dad en la que con­vi­ven geno­ve­ses, flo­ren­ti­nos, vas­cos, cas­te­lla­nos, por­tu­gue­ses, galle­gos, escla­vos negros y cana­rios abo­rí­ge­nes.

¿Ali­men­tan o limi­tan los hechos his­tó­ri­cos la ima­gi­na­ción del nove­lis­ta?

La ali­men­tan. Pero ocu­rre que los hechos his­tó­ri­cos impo­nen cier­tos lími­tes. Para mí la par­te his­tó­ri­ca es fun­da­men­tal, pero des­pués, a la hora de escri­bir, me olvi­do de ella por­que lo que me intere­sa es cons­truir un rela­to que fun­cio­ne des­de el pun­to de vis­ta narra­ti­vo. Lo que no te da la his­to­ria te lo pro­por­cio­na la ima­gi­na­ción con pis­tas sobre otras posi­bi­li­da­des para jugar lite­ra­ria­men­te, tan­to des­de el pun­to de vis­ta de la tra­ma como del len­gua­je.

la-senora-beatriz-de-bobadilla¿En qué cree que con­tri­bu­ye la fic­ción lite­ra­ria a la com­pren­sión de la his­to­ria?

Tal como se narran, los hechos his­tó­ri­cos se refie­ren a socie­da­des, a datos gene­ra­les. En cam­bio, las nove­las hablan de los indi­vi­duos, reales o inven­ta­dos, de los ciu­da­da­nos. Para alguien que no conoz­ca la his­to­ria, pue­de ser más sen­ci­llo enten­der la socie­dad de aque­lla épo­ca a tra­vés de un per­so­na­je que si lee un manual de his­to­ria. Uno será un docu­men­to his­tó­ri­co y, el otro, un per­so­na­je de fic­ción, pero creo que el lec­tor pue­de visua­li­zar mucho mejor cómo era esa socie­dad a tra­vés de la lite­ra­tu­ra. Y si están bien crea­dos, esos per­so­na­jes dan mucho más jue­go para des­pués enten­der los gran­des datos y la estruc­tu­ra social, que es de lo que se encar­ga la his­to­ria.

Los hechos his­tó­ri­cos impo­nen
cier­tos lími­tes a la ima­gi­na­ción

¿Podría des­cri­bir cómo es su pro­ce­so de docu­men­ta­ción para escri­bir una nove­la his­tó­ri­ca?

Muy des­or­de­na­do [se ríe]. En los dos casos, tuve la suer­te de con­tar con ami­gos his­to­ria­do­res que me daban con­se­jos y biblio­gra­fía. El pro­ce­so sue­le ser leer todo lo que encuen­tro sobre la épo­ca, pero des­de el pun­to de vis­ta de lo coti­diano, como por ejem­plo, qué comen, cómo coci­nan, dón­de duer­men, qué uten­si­lios mane­jan, ese tipo de deta­lles que des­pués te per­mi­ten cons­truir las vidas de los per­so­na­jes. Todo esto con el obje­ti­vo de que cuan­to apa­rez­ca en el rela­to sea vero­sí­mil. En muchas oca­sio­nes lle­gas a esa docu­men­ta­ción por pura casua­li­dad. En cual­quier caso, el pro­ce­so de docu­men­ta­ción resul­ta mucho más lar­go y arduo que el de estruc­tu­ra­ción de la tra­ma.

En cuan­to al pro­ce­so de ela­bo­ra­ción, ¿cam­bia res­pec­to a una nove­la que esté ambien­ta­da en la actua­li­dad?

No, es el mis­mo. Ahí es cuan­do entras en la crea­ción lite­ra­ria. Mi pro­ce­so sue­le empe­zar con un esque­ma de la estruc­tu­ra de la tra­ma: qué per­so­na­jes son los fun­da­men­ta­les, cuá­les son los intere­ses que los mue­ven, etc. Pero ocu­rre que ese esque­ma lue­go sal­ta por los aires mien­tras estoy escri­bien­do. Casi siem­pre la tra­ma cam­bia mucho a lo lar­go de este pro­ce­so por­que de repen­te sur­gen otras ideas que me intere­san más.

¿Se defi­ni­ría como un escri­tor de brú­ju­la o de mapa?

Diga­mos que pri­me­ro hago un mapa y des­pués me pier­do [se ríe]. No me impor­ta per­der­me, por­que la lite­ra­tu­ra, como cual­quier acti­vi­dad artís­ti­ca, nece­si­ta de ese tipo de ries­go, de dis­gre­ga­ción, sin el cual no sería ver­da­de­ro arte.

Usted ha afir­ma­do que «cono­cer la his­to­ria, sin fal­si­fi­ca­cio­nes, con­tri­bui­rá a tener ciu­da­da­nos con capa­ci­dad de aná­li­sis y mayor resis­ten­cia a la mani­pu­la­ción». ¿Cree que exis­te una ten­den­cia actual que pre­ten­de evi­tar que la his­to­ria se conoz­ca lo sufi­cien­te?

Exis­te una ten­den­cia a uti­li­zar la his­to­ria como argu­men­ta­ción polí­ti­ca según intere­ses par­ti­cu­la­res. Es cier­to que muchas veces se tra­ta de des­co­no­ci­mien­to de la his­to­ria, pero creo que más impor­tan­te es la mani­pu­la­ción de la his­to­ria con fines par­ti­dis­tas. Cuan­to más se conoz­ca la his­to­ria más difí­cil será la mani­pu­la­ción de la gen­te. Por otro lado, la nece­si­dad de mani­pu­lar la his­to­ria por par­te del poder siem­pre ha sido per­ma­nen­te.

Tam­bién ha publi­ca­do un libro de rela­tos titu­la­do Negra hora menos (1990). ¿Qué le da el rela­to cor­to que no le apor­ta la nove­la?

Decía Cor­tá­zar que en una nove­la se gana por pun­tos y en un rela­to se gana por K.O. Al ser como una pie­za de orfe­bre­ría, el rela­to cor­to exi­ge menos dedi­ca­ción tem­po­ral, por­que se solu­cio­na antes que una nove­la, pero es un géne­ro muy exi­gen­te debi­do al lími­te de espa­cio que tie­ne. En cam­bio la nove­la exi­ge tra­ba­jo, tiem­po, supre­sio­nes, correc­cio­nes, reor­ga­ni­zar cons­tan­te­men­te lo escri­to, etc. Alguien decía aque­llo de que una nove­la no se ter­mi­na, sino que se aban­do­na.

si-le-digo-le-enganoSu nove­la Si le digo le enga­ño (2011) toca el géne­ro negro y bucea en el trá­fi­co de dro­gas y en la corrup­ción. ¿Cree que el con­tex­to actual de cri­sis ha con­tri­bui­do al auge de la nove­la negra?

Sí, evi­den­te­men­te. Muchas de las cosas que no se pue­den con­tar en un perió­di­co, por­que tie­nes que ceñir­te a hechos obje­ti­vos y para no meter­te en una que­re­lla cri­mi­nal, se pue­den con­tar en cam­bio en una nove­la. Sim­ple­men­te hay que cam­biar­les los nom­bres. En una nove­la tie­nes liber­tad para cons­truir el mun­do real, para con­tar la reali­dad actual mucho mejor que con un artícu­lo perio­dís­ti­co.

Cuan­to más se conoz­ca la his­to­ria más difí­cil será la mani­pu­la­ción de la gen­te

Usted cola­bo­ró en el guión de la pelí­cu­la Mara­ría. ¿Qué retos le supu­so par­tir de la nove­la homó­ni­ma de Rafael Aro­za­re­na?

Pri­me­ro, que el len­gua­je cine­ma­to­grá­fi­co no tie­ne nada que ver con el lite­ra­rio. Segun­do, que la his­to­ria, tal como esta­ba cons­trui­da en la nove­la, era muy difí­cil hacer­la creí­ble en cine. Para trans­for­mar una obra lite­ra­ria en cine­ma­to­grá­fi­ca hay que cam­biar el regis­tro por com­ple­to. De hecho, en la pelí­cu­la se adver­tía que no era una adap­ta­ción de la nove­la, sino una his­to­ria basa­da en ella. Fue un tra­ba­jo inten­so con Anto­nio José Betan­cor para pasar a imá­ge­nes la fuer­za y la belle­za que tenía la nove­la. Al final, creo que que­dó una gran pelí­cu­la.

Tam­bién par­ti­ci­pó recien­te­men­te en el guión y en la direc­ción del docu­men­tal Ciu­da­dano Negrín. ¿Le supu­so esta cola­bo­ra­ción otro tipo de difi­cul­ta­des dife­ren­tes a la ante­rior?

Sí, por­que son géne­ros total­men­te dis­tin­tos. La escri­tu­ra de un guión de fic­ción es un pro­ce­so muy cerra­do. Lo que más pue­de variar es algún diá­lo­go de un per­so­na­je en algu­na secuen­cia. En cam­bio, en un docu­men­tal el guión se hace en la mesa de mon­ta­je: par­tes de una idea y, todo lo que apa­re­ce en el pro­ce­so de pre­pro­duc­ción, modi­fi­ca con­ti­nua­men­te tu tra­ba­jo. En el pro­ce­so docu­men­tal estás bus­can­do e inves­ti­gan­do, por eso cada entre­vis­ta te apor­ta nue­vos ele­men­tos con los que no con­ta­bas.

ciudadano-negrin¿Qué le lla­mó la aten­ción de una per­so­na­li­dad como la de Negrín?

Todo. Cuan­do empe­cé a tra­ba­jar en el docu­men­tal sobre Negrín, aún no se había publi­ca­do el libro de Enri­que Mora­die­llos ni el de Gabriel Jack­son. Lo que había en aquel momen­to era mucha basu­ra. Lo pri­me­ro que me atra­jo fue la can­ti­dad de difa­ma­cio­nes que había sobre él, inclu­so por par­te de su pro­pia gen­te, y lue­go el silen­cio cóm­pli­ce de todos. El sub­tí­tu­lo de la bio­gra­fía que escri­bió Mora­die­llos es de lo más elo­cuen­te: «La per­so­na más difa­ma­da en Espa­ña del siglo XX». Y no sólo fue difa­ma­da por Fran­co y los fran­quis­tas, lo cual era lógi­co, por­que Negrín repre­sen­ta­ba su peor enemi­go, la resis­ten­cia fren­te al fas­cis­mo, sino tam­bién por el PSOE a tra­vés de la figu­ra de Inda­le­cio Prie­to, que echó un silen­cio abso­lu­to sobre él.

Per­te­nez­co a una gene­ra­ción que vivió los últi­mos años del fran­quis­mo y en nues­tra ico­no­gra­fía de resis­ten­cia anti­fran­quis­ta esta­ban la Pasio­na­ria, Durru­ti, Carri­llo y has­ta podía estar Aza­ña, pero Negrín no apa­re­cía por nin­gún sitio, ni siquie­ra como secun­da­rio. Por eso, cuan­do des­cu­bres la inmen­sa per­so­na­li­dad de este indi­vi­duo, en lo cien­tí­fi­co, en lo inte­lec­tual, en lo polí­ti­co como «hom­bre de Esta­do», te pre­gun­tas cómo es posi­ble que nos lo hayan ocul­ta­do duran­te tan­tos años.

En Espa­ña toda­vía no ha cala­do que la gue­rra civil fue la con­se­cuen­cia de un gol­pe fas­cis­ta

¿Qué difi­cul­ta­des encon­tró al bucear en los por­me­no­res de un perío­do his­tó­ri­co tan con­vul­so como la Gue­rra Civil espa­ño­la?

Toda­vía que­dan muchos tópi­cos y muchas igno­ran­cias. Entre los tópi­cos, se encuen­tra la supues­ta equi­dis­tan­cia, pero no hay equi­dis­tan­cia posi­ble entre unos gol­pis­tas y quie­nes defien­den la lega­li­dad repu­bli­ca­na. Tam­bién es cier­to que den­tro de la par­te repu­bli­ca­na hubo una revo­lu­ción con­tra la Repú­bli­ca, pero eso no es res­pon­sa­bi­li­dad de esta, sino de los gol­pis­tas que han des­tro­za­do el apa­ra­to de Esta­do. Fue un gol­pe que fra­ca­sa y que da lugar a la gue­rra, con el ines­ti­ma­ble apo­yo de la Igle­sia y de los sec­to­res más con­ser­va­do­res y reac­cio­na­rios de la socie­dad espa­ño­la. En Fran­cia no creo que haya nadie que aplau­da a Petain, o a Goeb­bels en Ale­ma­nia. Sin embar­go, en Espa­ña toda­vía no ha cala­do que la gue­rra fue la con­se­cuen­cia de un gol­pe fas­cis­ta y que ori­gi­nó una for­ma polí­ti­ca igual de repug­nan­te que los fas­cios ita­lia­nos y los ale­ma­nes nazis.

Y se igno­ra, por ejem­plo, cómo aca­ba la gue­rra: la trai­ción de Casa­do, el com­por­ta­mien­to de la Jun­ta de Defen­sa de Madrid en los últi­mos días, cuan­do le dan el gol­pe de Esta­do al pro­pio Negrín. Y nadie quie­re sacar eso a la luz por­que pare­ce que rom­pe­ría muchos de los mitos crea­dos en torno a la Gue­rra Civil.

Mararia¿Recuer­da algu­na anéc­do­ta con espe­cial cari­ño de estos roda­jes?

De Ciu­da­dano Negrín, fue un lujo impa­ga­ble cono­cer y tra­tar de cer­ca a una per­so­na como Gabriel Jack­son, y haber esta­do rodan­do con él tan­to en París como en Bar­ce­lo­na. De Mara­ría, recuer­do dos cosas. Una de ellas, el día antes de empe­zar el roda­je, com­pro­bar cómo los per­so­na­jes con los que has esta­do tra­ba­jan­do sobre el papel duran­te un año, de repen­te cobran vida. La otra, el roda­je con Mano­lo Ber­me­jo, que fue muy diver­ti­do.

¿Qué ele­men­tos debe tener un pro­yec­to cine­ma­to­grá­fi­co para que le atrai­ga?

Que me ape­tez­ca saber de él, por­que pien­so que si a mí me ape­te­ce saber más de él a los demás tam­bién les va a ape­te­cer. Siem­pre par­to de esa pre­mi­sa. En el caso de una fic­ción, com­pro­bar que en ella hay tra­ma y bue­nos per­so­na­jes. Si es un docu­men­tal, que sea un tema con inte­rés.

¿Se ha plan­tea­do o le han plan­tea­do algu­na vez lle­var al cine sus pro­pias nove­las?

Anto­nio José Betan­cor que­ría hacer una adap­ta­ción de [La seño­ra] Bea­triz de Boba­di­lla, pero resul­ta muy caro tras­la­dar las nove­las his­tó­ri­cas al cine. Y con Si le digo le enga­ño se podría hacer una tele­mo­vie muy diver­ti­da, pero me he ente­ra­do de que ya hay una de este año con un argu­men­to muy pare­ci­do. Son temas que darían para hacer una bue­na pelí­cu­la.

Hace unos años fun­dó una edi­to­rial con el nom­bre «Hora Antes». ¿Cuá­les fue­ron los moti­vos que le lle­va­ron a desa­rro­llar este pro­yec­to?

No encon­trar edi­tor nacio­nal para La seño­ra Bea­triz de Boba­di­lla. La envié a algu­nas edi­to­ria­les y pre­mios, que no res­pon­die­ron. Lo curio­so es que una de ellas me res­pon­dió que les había gus­ta­do mucho, pero que era una nove­la «muy lite­ra­ria». Me que­dé tan sor­pren­di­do por esta res­pues­ta que lue­go, con la ayu­da de un ami­go, deci­dí crear la edi­to­rial para publi­car­la.

Ade­más de sus pro­pios libros, ha publi­ca­do tam­bién un poe­ma­rio de Láza­ro San­ta­na. ¿Tie­ne inten­ción de ini­ciar una colec­ción con otros auto­res?

En prin­ci­pio estoy pen­san­do edi­tar sola­men­te en for­ma­to digi­tal, qui­zás tam­bién con otros auto­res. La edi­ción en papel es cara y no se ven­de. Y si es un libro de poe­sía menos toda­vía. Se ven­den con mucha difi­cul­tad las nove­las; muy mal los libros de rela­tos; y los libros de poe­sía ni se ven­den. Y con el ensa­yo pasa lo mis­mo. Pare­ce que todo el mun­do lee ensa­yo y poe­sía, pero lo cier­to es que no se ven­den.

Como res­pon­sa­ble de una peque­ña edi­to­rial, ¿cómo valo­ra el pano­ra­ma de la edi­ción en una socie­dad que cada vez com­pra menos libros?

Creo que se siguen com­pran­do muchos libros —la cri­sis no hizo bajar espec­ta­cu­lar­men­te la ven­ta de libros — , pero los que se ven­den son aque­llos que tie­nen un sopor­te edi­to­rial y publi­ci­ta­rio muy fuer­te. Cada tem­po­ra­da salen al mer­ca­do cin­co o seis títu­los con unas cam­pa­ñas publi­ci­ta­rias muy poten­tes que inun­dan las libre­rías. Los que ya casi no se ven­den son los libros de auto­res des­co­no­ci­dos y que no tie­nen el sopor­te publi­ci­ta­rio de estas gran­des cade­nas.

Por otro lado, está el sopor­te elec­tró­ni­co, en el que pare­ce que se lee mucho pero a cos­ta de la pira­te­ría. Nadie va a com­prar un libro en sopor­te elec­tró­ni­co si pue­de con­se­guir­lo gra­tis. Hemos per­di­do una o dos gene­ra­cio­nes que entien­den que todo lo que se encuen­tra en la red es gra­tui­to: no les entra en la cabe­za que ten­gan que pagar por un libro o una can­ción. Así no se pue­de seguir escri­bien­do libros ni com­po­nien­do can­cio­nes.

Des­pués de tan­tos años dedi­ca­dos a la lite­ra­tu­ra y al cine, ¿qué se lle­va en el baúl de los recuer­dos?

Haber leí­do nove­las inol­vi­da­bles y haber cono­ci­do a algu­nas per­so­nas entra­ña­bles como Augus­to Mon­te­rro­so, Ele­na Ponia­tows­ka, Gabriel Jack­son, Bry­ce Eche­ni­queEmi­lio Lle­dó, que me han apor­ta­do tan­tas cosas. Haber teni­do acce­so a estas per­so­nas y dis­fru­ta­do de ellas son expe­rien­cias impa­ga­bles, muy gra­ti­fi­can­tes. Eso es, al final, lo úni­co que te lle­vas.

¿Qué es lo que mue­ve a Car­los Álva­rez a escri­bir?

El deseo de con­tar una his­to­ria que sea intere­san­te y que no se haya con­ta­do toda­vía. O que no se haya con­ta­do des­de un cier­to pun­to de vis­ta, sea en nove­la o tam­bién en ima­gen. El pro­ble­ma de la ima­gen, sea cine o docu­men­tal, es que resul­ta muy caro. En cam­bio, escri­bir no sólo es más bara­to, sino tam­bién mucho más inde­pen­dien­te.

Foto de Car­los Álva­rez: Rubén Bení­tez Flo­ri­do.

MARARÍA

Tráiler de la película dirigida por Antonio José Betancor (1988)


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