Bruce Bégout

Un empre­sa­rio ruso ocu­pa su tiem­po cons­tru­yen­do par­ques temá­ti­cos dedi­ca­dos a la reali­dad. Su alian­za con Licht, arqui­tec­to intere­sa­do en la neu­ro­ar­qui­tec­tu­ra, da como últi­mo gran fru­to Le Park, la gran atrac­ción. Ubi­ca­do en una isla pri­va­da, este par­que mues­tra algu­nos de los gran­des horro­res tan­to natu­ra­les como ori­gi­na­dos por el ser humano. Pero, ¿qué atrae tan­to de Le ParK para que se con­vier­ta en lugar recrea­ti­vo de refe­ren­cia para medio mun­do?

Resu­men de muchas de las inquie­tu­des de su autor, el abra­si­vo filó­so­fo Bru­ce Bégout (Talens, 1967), Le ParK (Edi­to­rial Sibe­ria, 2014) es una nove­la insó­li­ta, plan­tea­da como gran repor­ta­je que nos acer­ca a aspec­tos que le preo­cu­pan de la socie­dad actual. Entre ellos, el con­trol de las masas median­te arti­fi­cios o la inte­gra­ción del entorno urba­nís­ti­co en nues­tras vidas.

La nue­va entre­ga del pen­sa­mien­to de Bégout lle­ga a las libre­rías con algo de retra­so —se publi­có ori­gi­nal­men­te en 2010 — . Coin­ci­dien­do con su visi­ta a Bar­ce­lo­na para par­ti­ci­par en el ciclo «Ciu­dad Abier­ta» del Cen­tre de Cul­tu­ra Con­tem­po­rà­nia, man­tu­vi­mos un bre­ve encuen­tro para repa­sar las tra­mo­yas de Le ParK.

Le ParK es el fan­tas­ma últi­mo
del tota­li­ta­ris­mo blan­do de las demo­cra­cias

¿Escri­bis­te Le ParK con el pro­pó­si­to de expli­car aque­llo que te gus­ta­ría que exis­tie­ra para poder escri­bir sobre ello?

No lo escri­bí para expli­car, más bien para impli­car y para crear con­fu­sión. Expli­car sig­ni­fi­ca hacer com­pren­si­ble, lite­ral­men­te quie­re decir des­ple­gar lo que está ple­ga­do. Le ParK es exac­ta­men­te lo con­tra­rio, pue­de crear aún más cons­ter­na­ción que cla­ri­dad. Soy filó­so­fo, pro­fe­sor y mi papel como tal sería dar expli­ca­cio­nes, pero en las fic­cio­nes inten­to no ser peda­go­go. No apli­co esta acti­tud pro­fe­so­ral, inten­tan­do cla­ri­fi­car la reali­dad a par­tir de algo con­cre­to. Al con­tra­rio, creo un obje­to, una repre­sen­ta­ción artís­ti­ca en for­ma de libro que es total­men­te ambi­gua, com­ple­ja, múl­ti­ple y que, oja­lá, sor­pren­da. Para esta tarea me auto­cen­su­ro y no ofrez­co cla­ves de inter­pre­ta­ción.

Si se con­tem­plan las ins­ta­la­cio­nes del par­que des­de la dis­tan­cia, se apre­cia un cier­to orden den­tro de la locu­ra que se nos des­cri­be des­de la pro­xi­mi­dad.

Sí, Le ParK es un lugar muy gran­de, muy com­ple­jo, y su orga­ni­za­ción ha de ser racio­nal. Pode­mos supo­ner que Licht, el arqui­tec­to, es un repre­sen­tan­te de la racio­na­li­dad moder­na, que lo tie­ne todo muy bien estruc­tu­ra­do des­de pun­tos de vis­ta como los de las atrac­cio­nes, el trans­por­te, la segu­ri­dad. Pero en el fon­do el libro no pre­sen­ta nun­ca este orden, mues­tra sus frag­men­tos que, en en ver­dad, no per­mi­ten nun­ca cons­truir la tota­li­dad y tener una ima­gen cla­ra de lo que en con­jun­to es este espa­cio y lo que suce­de en él. Inclu­so hago alu­sión a la ima­gen del par­que des­de un saté­li­te, si bus­cá­ra­mos su posi­cio­na­mien­to en Goo­gle Earth. En este capí­tu­lo el narra­dor se pre­gun­ta sobre lo que se ve real­men­te, por­que a ras del sue­lo no se entien­de nada. Con­tem­plan la cabe­za de un muer­to, hay unas siglas, dife­ren­tes zonas que no tie­nen rela­ción unas con otras. En el fon­do todo es una cues­tión de dis­tan­cia y mi obje­ti­vo es crear nie­bla, una nebu­lo­si­dad que intri­gue al lec­tor.

Le ParK podría con­si­de­rar­se un cuen­to
como los de los her­ma­nos
Grimm o los de Perrault

Hay una aspec­to, el de la atrac­ción -que no deja de ser una de las moti­va­cio­nes de un par­que de atrac­cio­nes, de ahí el nom­bre, como bien escri­bes en el libro-, y de aque­llo que nos pro­du­ce recha­zo. Es algo de lo que se habla mucho, por ejem­plo, con el cine de terror, pero que en un par­que pasa a ser algo expe­rien­cial. Bus­ca­mos sen­tir mie­do, a veces con expe­rien­cias que pue­den resul­tar vio­len­tas.

Le ParK es a la vez un par­que de atrac­cio­nes y un par­que de repul­sión. Por­que una de las tesis más cono­ci­das res­pec­to a esto, y aho­ra per­mí­te­me hacer de filó­so­fo, es que el pla­cer siem­pre está mez­cla­do con la pena y que cual­quier atrac­ción lo está con la repul­sión. Le ParK jue­ga con nues­tra ambi­güe­dad delan­te de este tipo de espec­tácu­los con los que nos sen­ti­mos atraí­dos por la visión del mal, de la vio­len­cia, del peli­gro, y a la vez nos pro­du­ce mie­do. Es como el vér­ti­go. El vacío nos atrae y nos asus­ta. Le ParK es un lugar ver­ti­gi­no­so y una de mis inten­cio­nes era lle­var al lec­tor al bor­de del pre­ci­pi­cio para que cono­cie­ra el espa­cio y se sin­tie­ra atraí­do por el vacío para, final­men­te, ate­rro­ri­zar­le, por­que el vacío para él será la muer­te. Para los visi­tan­tes del par­que las ins­ta­la­cio­nes son total­men­te segu­ras, simu­lan estas expe­rien­cias vio­len­tas pero no las viven nun­ca, las pre­sen­cian como espec­ta­do­res, en nin­gún momen­to son víc­ti­mas. Es algo que que­da muy cla­ro, al con­tra­rio que los tra­ba­ja­do­res, que no sabe­mos si son real­men­te emplea­dos o pre­sos. En el hotel casino dedi­ca­do a Ausch­witz ¿qué son, real­men­te, pri­sio­ne­ros o acto­res que hacen de pri­sio­ne­ros? El jue­go de la atrac­ción y de la repul­sión es uno de los aspec­tos prin­ci­pa­les de cual­quier par­que, lo apre­cia­mos en el éxi­to de la casa del terror, del tren fan­tas­ma… Siem­pre esta­mos jugan­do a dar­nos mie­do, pero lo hace­mos con imá­ge­nes del horror que son acep­ta­bles y muy reco­no­ci­das des­de la fic­ción —el vam­pi­ro, el hom­bre-lobo — . En cam­bio, cuan­do se recrea un cam­po de con­cen­tra­ción nos enfren­ta­mos a la ambi­güe­dad. Qui­se recrear imá­ge­nes con­tem­po­rá­neas del horror y recha­zar las figu­ras clá­si­cas y tra­di­cio­na­les que ya no pro­du­cen impac­to ni en los niños. Le ParK podría con­si­de­rar­se un cuen­to como los de los her­ma­nos Grimm o los de Perrault. El uso de algu­nos arque­ti­pos de la vio­len­cia que reco­no­ce­mos como reales podría pare­cer inde­cen­te. Escri­bí el ensa­yo Sobre la decen­cia común a par­tir de tex­tos de Geor­ge Orwell. Le ParK ven­dría a ser el rever­so, la inde­cen­cia extra­or­di­na­ria.

Le ParKLa acti­tud de la repre­sen­ta­ción polí­ti­ca que visi­ta Le ParK pare­ce direc­ta­men­te ins­pi­ra­da en su rela­ción con la socie­dad: pasi­vi­dad ante lo que ven e inte­rés cuan­do des­cu­bren que se tra­ta de un mode­lo de con­trol.

En efec­to, hay un capí­tu­lo dedi­ca­do a la visi­ta de polí­ti­cos que se sien­ten sedu­ci­dos, en el sen­ti­do en que Le ParK pro­po­ne una for­ma de orga­ni­za­ción de la socie­dad a par­tir de dos ten­den­cias que me pare­cen fun­da­men­ta­les de la cul­tu­ra con­tem­po­rá­nea: la segu­ri­dad extre­ma que vemos, por ejem­plo, des­de hace vein­te o trein­ta años en el desa­rro­llo de las mili­cias pri­va­das, y a la vez lo que se podría con­si­de­ra como el diver­ti­men­to. Le ParK adop­ta las dos. Es intere­san­te ver cómo en la actua­li­dad hay una obse­sión por la segu­ri­dad que no había­mos adver­ti­do ni en épo­cas más difí­ci­les, como las déca­das de los 50 o los 60. Y tam­bién apre­cia­mos esto con la diver­sión, el entre­te­ni­mien­to. El libro pro­po­ne una socie­dad don­de todo está lleno de segu­ri­dad, inclu­so el peli­gro está save, como dicen los ingle­ses, y en la que tam­bién exis­te una socie­dad del diver­ti­men­to total. Por lo tan­to se res­pon­de a esas dos gran­des nece­si­da­des: diver­tir­se con segu­ri­dad. Los polí­ti­cos se sien­ten sedu­ci­dos por el par­que, ellos mis­mos pro­po­nen dis­po­si­ti­vos socia­les, eco­nó­mi­cos, urba­nís­ti­cos que se repo­nen cons­tan­te­men­te en la orga­ni­za­ción de la socie­dad en fun­ción de estas dos ten­den­cias. He via­ja­do mucho y he vis­to en todas las ciu­da­des este sis­te­ma de orga­ni­za­ción. Las Vegas ya era el pro­to­ti­po de esta ciu­dad en la que pre­do­mi­na la diver­sión total sin nin­gu­na posi­bi­li­dad de que les moles­ten. Sor­pren­de la pobre­za de los subur­bios de Las Vegas, mien­tras que el Strip está lleno de poli­cías pri­va­dos. En los hote­les casino hay más agen­tes de segu­ri­dad que emplea­dos de ser­vi­cio. Le ParK es la vigi­lan­cia gene­ra­li­za­da. No es vigi­lar y cas­ti­gar, es vigi­lar y diver­tir­se. No pue­de extra­ñar mucho que Le ParK sea un mode­lo para los polí­ti­cos con­tem­po­rá­neos, que han de encon­trar mane­ras de con­tro­lar a las masas. ¿Hay mejor opción que la segu­ri­dad y el entre­te­ni­mien­to? La per­so­na que se divier­te no se que­ja, la diver­sión com­por­ta la renun­cia. En el libro, excep­to la fies­ta revo­lu­cio­na­ria, todos los diver­ti­men­tos son más bien for­mas de com­pen­sa­ción de las frus­tra­cio­nes. Le ParK es el fan­tas­ma últi­mo del tota­li­ta­ris­mo blan­do de las demo­cra­cias.

La neu­ro­ar­qui­tec­tu­ra nos per­mi­te ima­gi­nar
una arqui­tec­tu­ra tera­péu­ti­ca

La neu­ro­ar­qui­tec­tu­ra me inquie­ta. Esa fusión de lo físi­co con lo orgá­ni­co para inte­grar­nos en un ele­men­to que, más allá de la esté­ti­ca, pre­ten­de cap­tar nues­tra aten­ción, nues­tros sen­ti­dos y nues­tros sen­ti­mien­tos, ¿hemos de ver­la como algo peli­gro­so? ¿Cuál es tu plan­tea­mien­to con res­pec­to a este posi­ble mode­lo de arqui­tec­tu­ra?

La neu­ro­ar­qui­tec­tu­ra, en prin­ci­pio, no era más que una fan­ta­sía per­so­nal. Y la idea bási­ca que mode­la sus prin­ci­pios es que tra­di­cio­nal­men­te con­si­de­ra­mos que la arqui­tec­tu­ra influ­ye en la sen­si­bi­li­dad y en la afec­ción huma­na. Por ejem­plo, hay luga­res que sus­ci­tan tris­te­za, melan­co­lía, ale­gría…, como si hubie­ra una espe­cie de inter­cam­bio entre los espa­cios y nues­tros sen­ti­mien­tos. Pero esta tra­di­ción ha pasa­do de moda, se ha con­ver­ti­do en algo naíf, inge­nuo. Licht, el arqui­tec­to de Le ParK, quie­re ir mucho más allá, a la autén­ti­ca inter­ac­ción entre la arqui­tec­tu­ra y el ser humano, por­que con­si­de­ra que el fun­da­men­to del ser humano es el cere­bro, es el ser humano neu­ro­nal, y los sen­ti­mien­tos son el aspec­to super­fi­cial, eva­nes­cen­te pero que per­mi­te expli­car real­men­te el com­por­ta­mien­to humano. Es, en defi­ni­ti­va, el cono­ci­mien­to de los meca­nis­mos neu­ro­bio­ló­gi­cos. Gra­cias a las neu­ro­cien­cias Licht cre­yó cono­cer mejor el fun­cio­na­mien­to del cere­bro y, median­te sus inves­ti­ga­cio­nes, con­clu­yó que se podrían crear espa­cios que corres­pon­die­ran a la esti­mu­la­ción de tal o cual fun­ción cere­bral: la cog­ni­ción, la memo­ria la ima­gi­na­ción… El obje­ti­vo de esto es que la arqui­tec­tu­ra sea el refle­jo no solo del cuer­po humano. Una de las tesis más cono­ci­das es aque­lla en la que se plan­tea que la arqui­tec­tu­ra no es más que la pro­yec­ción de nues­tro cuer­po y que, en el fon­do, los edi­fi­cios esta­rían den­tro de noso­tros. La arqui­tec­tu­ra sería enton­ces una espe­cie de exoes­que­le­to, algo que se pue­de apre­ciar muy bien en muchas de las obras de Gau­dí. Para Licht la arqui­tec­tu­ra es más bien la pro­yec­ción de la estruc­tu­ra cere­bral. Se tra­ta­ría de crear una arqui­tec­tu­ra neu­ro­nal que inter­ac­túe con las fun­cio­nes del ser humano. Podría­mos ima­gi­nar una arqui­tec­tu­ra tera­péu­ti­ca. En el caso de lesio­nes cere­bra­les -afa­sia, amne­sia…-, se ofre­ce­rían tra­ta­mien­tos arqui­tec­tó­ni­cos. Ese es el deli­rio de Licht. Cuan­do comen­cé a escri­bir la his­to­ria lo vi como algo pura­men­te de cien­cia-fic­ción. Con el tiem­po me di cuen­ta de que las neu­ro­cien­cias desa­rro­lla­ban tipos de bús­que­da simi­la­res a este plan­tea­mien­to. Pare­ce que la reali­dad se fusio­na con la fic­ción.

Le ParK es la com­bi­na­ción
entre lo racio­nal y lo pato­ló­gi­co

Me ha pare­ci­do que la par­te más lite­ra­ria de Le ParK es el rela­to de Leer, el emplea­do. Para esta par­te deci­dis­te salir del géne­ro de la cró­ni­ca.

Lo que sue­lo hacer a menu­do, des­de un pun­to de vis­ta lite­ra­rio, es uti­li­zar un len­gua­je muy sobrio y pre­ci­so, ana­lí­ti­co, si quie­res, y de repen­te pro­vo­co una explo­sión poé­ti­ca, en una o dos fra­ses, o en un párra­fo, incluir excre­cen­cias de adje­ti­vos y metá­fo­ras para crear un obje­to lite­ra­rio que nave­gue entre un idio­ma fun­cio­nal y otro hiper­poé­ti­co. El capí­tu­lo sobre Leer es de este tipo, una espe­cie de zam­bu­lli­do en las pro­fun­di­da­des del par­que has­ta una villa pre­his­tó­ri­ca don­de pode­mos ima­gi­nar que estu­vie­ron los indí­ge­nas que vivían antes en esta isla. Es un capí­tu­lo a lo Love­craft, un deli­rio, un Cthul­hu den­tro de la his­to­ria. Y no es el úni­co pasa­je, hay otros así: el del des­fi­le, el de la tien­da de sou­ve­nirs. Ahí se encuen­tran estas explo­sio­nes meta­fó­ri­cas, pasan­do de un esti­lo ana­lí­ti­co y barro­co a este otro enfer­mi­zo, como si toda la racio­na­li­dad de repen­te se con­vir­tie­ra en locu­ra. Le ParK es, tam­bién res­pec­to al len­gua­je que uti­li­zo, la com­bi­na­ción entre lo racio­nal y lo pato­ló­gi­co.

Te con­fie­so que mi Le ParK es IKEA.

Bueno, IKEA es bas­tan­te más racio­nal, sin duda.

* Foto de Bru­ce Bégout cedi­da por Edi­to­rial Sibe­ria.

* Le Park. Bru­ce Bégout.
Tra­duc­ción de Rubén Mar­tín Girál­dez.
Edi­to­rial Sibe­ria (Bar­ce­lo­na, 2014).

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