Blanca Riestra

Una noche en Albu­quer­que (Nue­vo Méxi­co). Un micro­cos­mos reple­to de per­so­na­jes que viven emo­cio­nal­men­te más den­tro que fue­ra pero físi­ca­men­te más fue­ra que den­tro. Un camio­ne­ro, una auto­es­to­pis­ta, el due­ño de un bar a pun­to para abrir, un men­di­go que ano­ta las matrí­cu­las de los coches, un fugi­ti­vo de la jus­ti­cia que sale y vuel­ve a entrar… Los cru­ces de la carre­te­ra son los des­víos de la vida que con­du­cen a nin­gu­na par­te, de la mis­ma mane­ra que el lec­tor de La noche sucks (Alian­za Edi­to­rial, 2010) se encuen­tra en el cru­ce des­de el que obser­va­rá los cami­nos, las rutas que sigue la fau­na atra­pa­da entre sus páginas.

Blan­ca Ries­tra cono­ce el lugar. Y a los per­so­na­jes. Duran­te dos años fue direc­to­ra del Ins­ti­tu­to Cer­van­tes. En su nue­va nove­la bebe del len­gua­je, del entorno en el que vivió y de pasio­nes lite­ra­rias. Bola­ño, Bar­nes, Dos Passos…

En La noche sucks nos ofre­ces una narra­ción a vis­ta de pája­ro, una pers­pec­ti­va glo­bal del mapa en el que se mue­ven los per­so­na­jes en con­jun­to. ¿Te ha ayu­da­do a mar­car ese dis­tan­cia­mien­to el ter­mi­nar la nove­la lejos de Albuquerque?

Es muy posi­ble. Si te das cuen­ta, La noche sucksMadrid Blues, que es mi nove­la ante­rior, están cru­za­das. En Albu­quer­que escri­bí sobre Madrid, inven­tán­do­me una ciu­dad enma­ra­ña­da y vis­ta des­de lejos, con el deseo de hacer que exis­tie­se, por­que la dis­tan­cia es tan gran­de y Albu­quer­que tan extra­ño y dis­tan­te que la impre­sión es de irrea­li­dad. Y efec­ti­va­men­te, en Madrid tuve el sue­ño, el recuer­do des­di­bu­ja­do de Bur­que, escri­bien­do con más dis­tan­cia… y qui­zás valen­tía, no sé.

Si hubie­ras escri­to el libro allí no ten­drías esa visión glo­bal de los per­so­na­jes, esta­rías en el cen­tro del meollo.

Bueno, en gene­ral sue­lo tener, como decías, vis­ta de pája­ro en todas las cir­cuns­tan­cias, es algo que depen­de del tipo de escri­tor que seas. Mi visión sue­le ser muy físi­ca y direc­ta pero tam­bién en pano­rá­mi­ca. Me gus­tan las estruc­tu­ras, pero ese es otro tema.

Esa obser­va­ción en tro­zos que com­ple­tan la ima­gen podría apli­car­se a tu biblio­gra­fía. La noche sucks nació como cuen­to y tam­bién has apro­ve­cha­do otras cosas que fuis­te publi­can­do para vol­car­las aquí.

Sí, pero últi­ma­men­te he com­pren­di­do, al fin, que no soy una escri­to­ra de cuen­tos. Inclu­so veo que mis cuen­tos son, en reali­dad, gér­me­nes de nove­la. Mi escri­tu­ra es nove­lís­ti­ca. No lo digo como algo malo, sino que se tra­ta de una cons­ta­ta­ción fácil de ver. Fíja­te que no he escri­to muchos cuen­tos. Han sali­do algu­nos, he gana­do varios pre­mios con ellos, pero nece­si­to espa­cio. Ten­go una escri­tu­ra que pre­ci­sa dila­ción, retra­so. Y eso requie­re tiem­po y len­gua­je por delan­te. Res­pec­to a lo que comen­tas, es cier­to que esta nove­la tie­ne rela­ción con dos cuen­tos: el del mis­mo títu­lo, que ganó el pri­mer Pre­mio Eñe de Rela­tos en 2006, y otro que apa­re­ció en el blog lamanchaliteraria.com al año siguien­te. Estas dos his­to­rias, sim­ple­men­te, empe­za­ron a cre­cer y dejé que se desarrollaran.

Lo de tra­ba­jar en varios pro­yec­tos a la vez habrá pro­pi­cia­do que uni­fi­ques algu­nos de ellos…

Esa idea me gus­ta. Todo for­ma par­te de lo mis­mo. Últi­ma­men­te se ha habla­do mucho del frag­men­ta­ris­mo en la lite­ra­tu­ra actual. En el fon­do, no es el diag­nós­ti­co exac­to. Las nove­las intere­san­tes que se están publi­can­do tie­nen inten­cio­nes de tota­li­dad. La reali­dad en la que vivi­mos, con inter­net, los medios, la tele­vi­sión, las fron­te­ras des­di­bu­ja­das…, lo que hace es crear una per­cep­ción del mun­do cada día más como un todo, un mag­ma que se entre­cru­za y se mez­cla. Es la idea de que todo for­ma par­te de lo mis­mo. El con­cep­to de la «voz de voces». Por ejem­plo, al expli­car la nove­la, he recu­rri­do a la pelí­cu­la Fallen, de Gre­gory Hoblit, que tra­ta de un con­de­na­do a muer­te que se reen­car­na por medio de una can­ción de los Rolling Sto­nes que se titu­la Time is on my side

¡!

… y la gen­te se va pasan­do la can­ción a tra­vés del tac­to. Mi con­cep­to de la nove­la actual sería un poco esta intri­ga, como un estri­bi­llo que va pasan­do de unos a otros.

Per­so­na­jes que huyen. Y no sólo fugi­ti­vos de la jus­ti­cia, todos están esca­pan­do o en trán­si­to, camino de.

Podría­mos decir que huyen o que inten­tan huir y no lo con­si­guen. O que están atra­pa­dos en un espa­cio opre­si­vo don­de no hay salida.

Una jau­la.

Eso tie­ne que ver con mi expe­rien­cia en Albu­quer­que, un sitio muy espe­cial. No es casual que su sobre­nom­bre sea Land of enchant­ment, «Tie­rra de encan­to», o «Tie­rra de encan­ta­mien­to». Se dice que la gen­te que pasa por allí o vie­ne huyen­do de algo o se que­da atra­pa­da, en un esta­do de pará­li­sis. Esto es lo que le ocu­rre a los per­so­na­jes. Quie­ren esca­par pero no tie­nen lugar al que ir. Allí el tiem­po pare­ce que no pasa. Ade­más es inhós­pi­to, ais­la­do de todo, rodea­do de desier­tos, de carre­te­ras que lle­van a luga­res leja­nos. Las ciu­da­des más cer­ca­nas están a cua­tro horas de avión. Nue­va York está a ocho. La impre­sión que te lle­vas cuan­do vives en Bur­que es de rato­ne­ra en mitad del desier­to. En cual­quier caso, me gus­ta­ría que no se vie­ra como una nove­la sobre Albu­quer­que, sino más bien como una metá­fo­ra del mun­do y de la exis­ten­cia. Todos esta­mos atra­pa­dos, ya sea en Bar­ce­lo­na, en A Coru­ña, en Madrid o en Lon­dres. Es una metá­fo­ra extra­po­la­ble a cual­quier lugar.

Res­pec­to a la natu­ra­le­za de La noche sucks se ha habla­do de la «nove­la bos­que» y de Rober­to Bolaño…

Bola­ño me intere­sa mucho y mi des­lum­bra­mien­to con él tenía que ver con la estruc­tu­ra. Creo que el gran hallaz­go de Bola­ño en sus nove­las más den­sas es su tra­ba­jo con esas estruc­tu­ras cons­trui­das en torno a un espa­cio vacío. Es mara­vi­llo­so. Hay un sig­ni­fi­ca­do que se calla has­ta el final. El lec­tor lo pre­sien­te, pero se tra­ga las seis­cien­tas pági­nas para tener la visión glo­bal. Aun­que sólo fue­ra por eso, Bola­ño debe pasar a la his­to­ria de la lite­ra­tu­ra como uno de los gran­des. Y sí, me intere­san esas nove­las hechas alre­de­dor del vacío o sobre algo que se calla.

Mi efec­to como lec­tor es el de inquie­tud, pre­ci­sa­men­te por ese vacío que tam­bién se detec­ta en tu nove­la. Lo fácil hubie­ra sido hacer peque­ñas his­to­rias y lue­go echar mano de la coc­te­le­ra. Sin embar­go, des­de el pri­mer momen­to, vas intro­du­cien­do a los per­so­na­jes y vas jugan­do con ellos sin nin­gu­na voz que nos coja de la mano y nos indi­que el camino que se va a seguir. El col­mo es cuan­do la narra­do­ra tam­bién inter­vie­ne en algu­nos pasa­jes como un per­so­na­je más.

Ya, es el col­mo de la per­ver­si­dad [se ríe]. Lo se, lo sé. Pero esa era la inten­ción. En el fon­do está escri­to así para crear un esta­do hip­nó­ti­co, a base de repe­ti­cio­nes y de his­to­rias trun­ca­das. No me gus­ta mucho el efec­tis­mo ni las vuel­tas de tuer­ca con fina­les en for­ma de pirue­ta, de ahí que el géne­ro del cuen­to no aca­be de con­ven­cer­me. Me gus­ta que las cosas que­den abier­tas, por­que el efec­to final resul­ta más inquie­tan­te y, al mis­mo tiem­po, es per­ver­so. La par­ti­ci­pa­ción de la narra­do­ra tie­ne como fun­ción la de inquie­tar aún más, embro­llar las pistas.

En las ano­ta­cio­nes fina­les das a enten­der que algu­nos de los per­so­na­jes están ins­pi­ra­dos en gen­te a quien cono­cis­te en Bur­que, algo inevi­ta­ble sien­do tú una más de las que se que­da­ron atra­pa­das allí. Como el lugar, habla­mos tam­bién de per­so­nas atípicas.

Me encon­tré con gen­te muy intere­san­te, entre ellos al poe­ta Ángel Gon­zá­lez, en sus últi­mos años. Pero son diver­ti­dos todos los que pare­cen sali­dos de las pelí­cu­las sobre el pro­fun­do sur, la Rute 66, Easy Rider… Lle­gas allí y te das cuen­ta de que no es una cons­truc­ción esté­ti­ca, sino que es la reali­dad. Y lo sigue sien­do en el 2010. Easy Rider se podría hacer igual aho­ra. Es gen­te soli­ta­ria que vive su pre­sen­te de una mane­ra desen­can­ta­da. Se rela­cio­nan entre ellos pero están ais­la­dos, viven en un mun­do que está den­tro de ellos mismos.

La noche sucksDes­co­noz­co la lite­ra­tu­ra de Dju­na Bar­nes, a la que citas en la nove­la y de la que dices haber reci­bi­do influencias.

Si no la has leí­do, tie­nes que ir corrien­do a com­prar­la. Mi pri­me­ra edi­ción de su nove­la El bos­que de la noche era una de bol­si­llo de Seix Barral, del ochen­ta y tan­tos. Esta­ba pro­lo­ga­da por T. S. Eliot. Bar­nes era muy ami­ga de James Joy­ce, que la res­pe­ta­ba muchí­si­mo. Des­gra­cia­da­men­te, qui­zás por­que era una per­so­na dura y que cedió muy poco, y por la épo­ca en la que vivió, con una socie­dad machis­ta, sólo se abor­da su obra en los estu­dios de géne­ro en Esta­dos Uni­dos, como les­bia­na famo­sa. Es una nove­lis­ta mara­vi­llo­sa. Me intere­sa mucho por­que paten­tó este tipo de nove­la enma­ra­ña­da, redon­da, de voces que se entre­cru­zan, com­ple­ta­men­te exce­si­va, con un len­gua­je des­bor­dan­te y, cla­ro, tam­bién en este caso, se tra­ta de una nove­la noc­tur­na y dio­ni­sía­ca sobre lo que encon­tra­mos deba­jo de las apa­rien­cias, sobre la pér­di­da de con­trol, la par­te oscu­ra… Son per­so­na­jes que vagan por las calles del París de entre­gue­rras, los bajos fon­dos, la gene­ra­ción per­di­da, la de Heming­way, la mayor par­te de los per­so­na­jes son alcohó­li­cos… Todo lo que te pue­da con­tar de ella será algo entu­sias­ta, por­que es una obra poda­dí­si­ma con una lite­ra­tu­ra que se rami­fi­ca y que la encum­bró, pero tam­bién la aca­bó destrozando.

No podía fal­tar en La noche sucks ese len­gua­je natu­ra­lis­ta, uti­li­zan­do el span­glish y el voca­bu­la­rio fron­te­ri­zo ya des­de su pro­pio título.

Viví en medio de eso, aun­que no hablo span­glish, es mi apro­xi­ma­ción a esa reali­dad. Reco­noz­co que, a dife­ren­cia de los miem­bros de las Reales Aca­de­mias His­pá­ni­cas, defien­do el span­glish. Las len­guas no deben ser puras, sino que son entes híbri­dos y es genial que las pala­bras se mez­clen y hagan hijos. Lo de pre­ser­var la pure­za es como meter­las en ataú­des. El span­glish es muy poé­ti­co, se pres­ta a todo tipo de hallaz­gos y de inven­cio­nes de pala­bras muy diver­ti­das y ape­te­ci­bles. Por ejem­plo, «tina­je­ro», ¿sabes lo que es?

¿?

Es «ado­les­cen­te», el cal­co de tee­na­ger [se ríe]. Es muy curio­so. Mien­tras corre­gía el libro pen­sé en que qui­zás hubie­ra sido apro­pia­do las notas a pie de pági­na, pero sería trai­cio­nar el espí­ri­tu del libro, que es bilin­güe y espu­rio. Ade­más, me horro­ri­za ese recur­so, como las citas que abren las nove­las. El tex­to tie­ne que ir direc­to y dejar­se lim­pio. Si no fun­cio­na sin acla­ra­cio­nes, es que no funciona.

Recuer­do un artícu­lo de Javier Cer­cas en el que defen­día la lec­tu­ra del Qui­jo­te en edi­ción vir­gen, sin notas, ni intro­duc­ción ni refe­ren­cias de nin­gún tipo. El per­der­se en la lec­tu­ra for­ma par­te del encanto.

Lo de leer pre­ten­dien­do enten­der todo es una defor­ma­ción que no sé quién la habrá inven­ta­do. Las pala­bras están ahí para que uno se las tra­gue. Y deben ir segui­das, no pue­des estar bus­can­do en el diccionario.

A veces la curio­si­dad mata, me suce­de con la obra de Rive­ra Lete­lier, no pue­do evi­tar bus­car los sinó­ni­mos de las pala­bras chi­le­nas que utiliza.

Pues no lo hagas, deja espa­cio a la imaginación.

¿Has cam­bia­do tu mane­ra de escri­bir, con el uso de inter­net, el blog…?

Todo nos influ­ye. Lo del blog es muy intere­san­te, por­que es un sopor­te fan­tas­mal, visi­ble e invi­si­ble al mis­mo tiem­po. Da la impre­sión de que pue­des pasar des­aper­ci­bi­do pero tam­bién ser vis­to, lo que te da una sen­sa­ción de impu­ni­dad un poco rara.

Bueno, como cuan­do publi­cas un libro, te lo pue­den leer o no…

¡Pero es dife­ren­te! Inter­net está omni­pre­sen­te en todas par­tes, los libros no. Los libros no los com­pra nadie.

Mujer, no digas eso…

Quie­ro decir que los com­pran un por­cen­ta­je míni­mo de per­so­nas, en comparación…

Pero hay blogs que tam­po­co los lee nadie, pasan total­men­te desapercibidos…

Pero están ahí…

Como los libros en la biblioteca…

Sí, pero el por­cen­ta­je de posi­bi­li­da­des de ser leí­do en inter­net qui­zás es más alto. O de no ser leí­do, que tam­bién pue­de ser bueno. Siem­pre he teni­do esa esqui­zo­fre­nia, el deseo de ser leí­da y, a la vez, de no ser­lo. Y en eso, inter­net me con­vie­ne. Ten­go la posi­bi­li­dad de que no me vea nadie, que me gus­ta, y la de que me vean que, des­gra­cia­da­men­te, tam­bién me gus­ta. Ade­más inter­net sig­ni­fi­ca un rele­vo de poder en la crí­ti­ca lite­ra­ria muy interesante…

Estoy de acuerdo.

… y la rup­tu­ra de una serie de barre­ras y de cen­su­ras, que había has­ta aho­ra y que pare­cían férreas, de los suple­men­tos cul­tu­ra­les. Por mucho que se diga que no, esta­ban los mis­mos de siem­pre des­de hace vein­te años y no se habla­ba de todo lo que había. Aho­ra hay infor­ma­ción de todo y esto ha des­acom­ple­ja­do bas­tan­te la dis­cu­sión lite­ra­ria. De repen­te, des­de hace unos años, se pue­de hablar de lite­ra­tu­ra sin ver­güen­za. En los 90, el peor insul­to que podías reci­bir de un edi­tor es que qui­sie­ras ser lite­ra­rio. Aho­ra vuel­ve a ser algo acep­ta­ble. Teo­ri­zar sobre lo que uno escri­be me pare­ce sanísimo.

¿Y la inter­ac­ción con los lectores?

Esa es otra situa­ción esqui­zo­fré­ni­ca que da una sen­sa­ción ver­ti­gi­no­sa. Siem­pre se ha dicho lo de la rela­ción con el lec­tor, Cor­tá­zar escri­bió sobre eso…, pero era algo que se decía entre comi­llas. Aho­ra es real. Tie­ne algo de per­tur­ba­dor. Es estu­pen­do pero da algo de miedo.

Des­cri­bes Bur­que como «un ver­te­de­ro en el que sólo anidan aves de paso, que­bran­tahue­sos, fugi­ti­vos, estu­dian­tes repe­ti­do­res…». ¿Qué hace el Ins­ti­tu­to Cer­van­tes en seme­jan­te lugar?

Es una de las gran­des incóg­ni­tas de la red Cer­van­tes. Creo que sigue sien­do el cen­tro más peque­ño de todos los que hay acti­vos. ¿Qué se hace? Prin­ci­pal­men­te, cla­ses de espa­ñol para extran­je­ros, en empre­sas… Tam­bién se orga­ni­za una pro­gra­ma­ción cul­tu­ral a tono con la pobla­ción de la zona. No es como la de Nue­va York, pero sin duda es intere­san­te, con gen­te rela­cio­na­da al ámbi­to local. Se uti­li­zan mucho los acti­vos de la ciu­dad. Se pro­cu­ra estar pre­sen­tes en la vida de «la comu­ni­dad», como dicen los americanos.

¿Hay auto­res intere­san­tes por allí?

Cor­mac McCarthy vive en San­ta Fe, aun­que se esca­pa de todo el mun­do, ni hace entre­vis­tas, ni asis­te a acti­vi­da­des ni pre­sen­ta nada. Le Clé­zio tie­ne casa en Albu­quer­que, pero tam­bién es muy hui­di­zo. Como te decía antes, Ángel Gon­zá­lez vivió allí, fue pro­fe­sor en la uni­ver­si­dad duran­te vein­te años. Henry Roth, autor de Llá­ma­lo sue­ño, pasó sus últi­mos días en Bur­que, vivien­do en una mor­gue con su mujer, y fue allí don­de escri­bió su tri­lo­gía pós­tu­ma titu­la­da Mercy of a Rude Stream, que es el acró­ni­mo de la pala­bra mors, «muer­te» en latín. Como ves, indi­vi­duos raros, esca­pa­dos, que aca­ban por esa zona pero per­ma­ne­cen aje­nos a los cenácu­los literarios.

En ese cen­tro aca­báis los más jóve­nes, por lo que veo.

Cla­ro, man­dan a los kami­ka­zes del «mun­do mun­dial» [se ríe], o a auto­res que quie­ren pasar unos años de reti­ro espi­ri­tual, que es en lo que se aca­ba con­vir­tien­do. Ir allí es como meter­te en un monas­te­rio bene­dic­tino, lo que no está nada mal, como bucear den­tro de uno mis­mo en la irrealidad.

Foto de Blan­ca Ries­tra: IE University.

* La noche sucks. Blan­ca Riestra.
Alian­za Edi­to­rial (Madrid, 2010).

SI TE GUSTÓ, ¡COMPÁRTELO!
Share on Facebook0Tweet about this on TwitterShare on Google+0Pin on Pinterest0Share on LinkedIn0Email this to someone